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Que falta juventud en los toros es una queja tradicional. Quizá la costumbre de escucharlo sea la culpable de haber provocado que el sector taurino le haya dejado de dar importancia. Pero la tiene. Y mientras al toreo en la plaza y a su cultura le falta una inyección de gente joven, la lozanía inunda las calles en cuanto a ellas salta un astado.

Por fin los aficionados y profesionales franceses, y los de todo el mundo, respiraron tranquilos al conocerse el desenlace del folletín sobre la pretendida prohibición de los toros en el país vecino. Todo quedó en el susto.

Sin parar. Gimotean, lloran, protestan, se quejan, exigen, se lamentan. Tampoco se les ve desesperados, pero sorprenden tantos lloros, sobre todo últimamente RAMÓN VALENCIA, que llegó al negocio por vinculación familiar de la mano de CANOREA JR. y después se quedó solo y muchos pensaron y piensan, y seguirán pensando, que le tocó la Lotería. Llora ahora porque perdió dinero, o así, en la última de San Miguel, con dos “No hay billetes” y un 3/4 de entrada. Increíble. Pero siempre RAMÓN VALENCIA lloraba y lloraba: que el abono no respondía años anteriores, que tuvo que hacer una feria sin figuras un año, que el comercio en general de SEVILLA tenía que ayudar más a los toros porque se beneficiaban, que sólo los carteles rematados tenían aceptación…

El sector taurino ha de concienciarse de que, para ganar visibilidad en la sociedad, es necesario facilitar información. Conceder entrevistas, ceder imágenes, abrir las puertas de las fincas… es primordial para que los medios de comunicación dispongan de contenidos que puedan publicar. Y en esta época, tiempo de entregas de premios y homenajes, toreros y ganaderos deben hacer un esfuerzo por asistir a estos actos, dejarse ver y atender a su “clientela”.

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