Siempre ha habido una considerable presencia de mujeres en los espectáculos taurinos, ganándose la censura de los moralistas, más que por su asistencia por compartir tendidos y, sobre todo, palcos con los hombres. Tanto es así que en el siglo XVIII el benedictino Martín Sarmiento llegó a proponer – anticipándose a Jesulín de Ubrique – espectáculos taurinos exclusivos para mujeres y protagonizados por mujeres. Para no pasar por un feminista avant la lettre propuso también lo mismo solo para hombres.






