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Un caso como éste creo que ni lo han visto los más viejos del lugar. Es más: seguramente un solo viejo. Salir por la Puerta Grande de Las Ventas dos tardes consecutivas… y estar sin torear, en plena temporada de verano, 2 meses y una semana es incomprensible, impensable, ilógico, absurdo. Se puede decir de todo. No hay por dónde cogerlo.

Con la temporada 2023 ya en la historia, en los archivos y en las imágenes, tenemos que recordar los pocos paseíllos para muchos toreros (incluso  los de arriba), los muchos espectadores en las grandes ferias (menos la agónica BILBAO) con muchos nuevos asistentes jóvenes e incluso muy jóvenes y SEVILLA con llenazos los tres días de SAN MIGUEL y las grandes entradas en la  de OTOÑO con los carteles buenos y  menos buenos. Y a seguir por el camino de lo que tiene éxito.

Tradicionalmente los toreros han sido tipos con cierta chulería, entendiéndose por ello que se distinguen por presumir de elegancia en su forma de vestir y de vivir, y también por adoptar, en muchos casos, una actitud un tanto bravucona y de desafío. Pienso que es algo que conlleva su habitual victoria ante la muerte. Hace unos días, el novillero Cristiano Torres se puso chulo realizando un brindis, y los inquisidores de las redes sociales se rasgaron las vestiduras. Seré un romántico, pero bendita osadía la del chaval, que está en las antípodas de la monotonía y el conformismo que demasiadas veces imperan en los ruedos. Ahora que cumpla sus intenciones, y la tauromaquia agradecerá su atrevimiento.

Acabaron las ferias de novilladas de Algemesí y Arnedo, dos de las más importantes y significativas no sólo de las que tienen al escalafón como base, sino de la temporada, ya que muestran cómo anda y progresa la nueva hornada de toreros. Y tras lo visto, hay dudas.

Por fin y llegó el ahora que debió ser el antes, pero Dámaso ya tiene placa. Más méritos que algunos  que se le adelantaron o los adelantaron. Pero nunca es tarde si la dicha llega. Ésta sí ha llegado, algo tarde pero ha llegado. Y Dámaso tiene su placa en Las Ventas, plaza que lo torturó al principio y lo aclamó convencida al final, cuando estuvo a un gran nivel pero quizá no en el de sus mejores tardes.

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