México, nos las prometíamos felices. Artículo de Carlos Bueno

A una alegría le sucede un disgusto, al menos una preocupación. Sólo dos días después de que la Suprema Corte de Justicia de México dictara, por unanimidad, que la suspensión de los toros que se había impuesto sobre la plaza de la capital no se atenía a ley y que las corridas podían volver a celebrarse, el presidente de la nación anunciaba su intención de llevar a cabo una consulta popular sobre la tauromaquia. Es lo que se lleva ahora; cuando los políticos no están de acuerdo con lo que dictan los jueces, intentan buscar subterfugios para acabar imponiendo su voluntad, aunque sea proponiendo referéndums sobre cuestiones legales.

 

 

 

Por fin, después de casi dos temporadas sin funciones taurinas en la Monumental Plaza de México, el pasado 6 de diciembre la Suprema Corte de Justicia de la Nación votó a favor de que vuelvan a celebrarse toros en la capital del Distrito Federal. Los cuatro ministros de la Sala determinaron revocar por unanimidad la suspensión que se había proclamado en junio de 2022. El mensaje era claro: no se pueden imponer a toda la sociedad los gustos prohibicionistas de un parte de la población.

 

Dos semanas antes, un juez federal también había paralizado, por tiempo indefinido, las corridas en Guadalajara, el segundo coso más importante en tierras aztecas. Ahora, el fallo de la Corte abría un precedente para su regreso. Nos las prometíamos felices, pero la alegría y la tranquilidad han durado poco. Sólo dos días después de la sentencia, el presidente del país, López Obrador, proponía una consulta popular en la Ciudad de México sobre la tauromaquia.

 

El mandatario expresó que, en su opinión, lo mejor para todos es que los ciudadanos manifiesten si están de acuerdo con que se reanuden los festejos en la capital mexicana. “Necesito conocer qué opinan los demás porque yo represento al pueblo”, aseguró López Obrador. Yo le propongo otra deliberación. Que pregunte al pueblo si está a favor de que los gobernantes se rebajen el sueldo. Es algo primordial que nuestros dirigentes, que trabajan para nosotros, cobren según nuestra satisfacción con su labor. ¿Lo hará? No, a eso no se atreve, ni él ni ningún otro cargo sea cual sea su tendencia.

 

El sector taurino genera en México 80.000 puestos de trabajo directos y unos 140.000 indirectos, gente a la que también representa el presidente y que, en caso de que se prohibieran los toros, se quedarían sin la forma de llevar sustento a sus hogares, afectando a su derecho a trabajar para poder comer y vivir. Pero parece que la alianza con el populismo está por encima de cuestiones como esta. Sólo importa colgarse la hipócrita etiqueta de “buenista” y captar algún adepto más. Es una práctica extendida por todo el mundo, lo mismo que desacreditar el trabajo honesto y libre de los jueces cuando no están de acuerdo con los poderes políticos. ¿Habría propuesto un referéndum para que las corridas regresaran si el dictamen hubiera sido en contra?

 

Por otro lado, ante la creciente convocatoria de este tipo de plebiscitos, ya hace años que el Tribunal Supremo español los prohibió. Los magistrados sentenciaron que las Administraciones Públicas no gozan de libertad para realizar consultas vinculantes que veten el ejercicio del toreo, sino que existe la obligación de poner estos espectáculos en valor. La Ley establece que es su competencia “garantizar la conservación y promoción de la Tauromaquia como patrimonio cultural de todos los españoles”.

 

Pero, cuando las reglas no son de su agrado, muchos políticos intentan buscar resquicios para saltárselas a la torera e imponer su voluntad. La prevaricación es un delito de abuso de poder cometido por una autoridad que realiza una conducta a sabiendas de que es ilegal e injusta. Si queda claro que prohibir los festejos y convocar votaciones para intentar acabar con ellos son acciones ilegales, parece evidente que hay mandatarios que están cometiendo delitos de prevaricación de los que no deberían salir impunes. ¿Quién les denuncia? Esa es la cuestión. Y ante la falta de un organismo que defienda el toreo con legitimidad y poder, los antis van ganando terreno mientras los toros dependen de los gustos y la voluntad de los electos de turno.

 

Nos las prometíamos felices ante el veredicto de la Suprema Corte de Justicia de México, pero la alegría ha durado poco. La cruzada anti no descansa mientras el sector taurino espera que los milagros sucedan solos.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».