Empieza a oler de verdad a Fallas. A dos días de la plantà, las fallas estàn casi plantadas. Llevamos muchos años que una semana antes de los días nobles, los monumentos falleros ya están ubicados por piezas en las calles respectivas. La plantà dejó de ser aquel acto de la noche del 15, donde artistas falleros y comisión unían sus esfuerzos e ilusiones para y por levantar el monumento tras el tradicional sopar de la plantà. En una noche, como sumo un par de días, ¡zas! la falla en pie. Y me remonto a años en que las de Especial eran verdaderamente monumentales y, con los medios de entonces, resultaba más complicada la acción. Todo tendrá su explicación, imagino. Uno que nunca ha sido "fallero oficial" ignora, por supuesto, las interioridades de todas esas cuestiones. No haber sido fallero no significa ser anti-fallero. Lo digo porque en más de una ocasión alguien, al saber que nunca lo había sido, daba por hecho que, entonces, era anti. No. Ni mucho menos. Todo lo contrario. Me gustan las fallas, aunque de pequeño me horrorizaban las tracas. Son la fiesta de mi ciudad y las apoyo desde mi modesta atalaya personal. Otra cosa es en lo que han degenerado: la masificación, la ciudad oliendo a aceite requemado por los cuatro puntos cardinales, las bestias de dos patas que, sin miramiento alguno, se dedican a tirar petardos y masclets sin consideración alguna. Y, lo que más me apena, me enrabia y me fastidia, es …






