Se nota el bajón de decibelios taurinos cuando llegan las novilladas. Esto ha pasado casi siempre en el toreo, pero quizás ahora se vea más agudizado el tema. Y es un problema. Es cierto que este tipo de festejos ha bajado en número...y en calidad. Pasaron los años felices, cuando en Valencia, por ejemplo, se daban novilladas todos los domingos. Hubo un año, incluso, en el 64 del siglo pasado, que se llegaron a dar nada menos que 32 festejos de este calibre. Ni en sueños puede ocurrir eso ahora. Las circunstancia cambiaron; las de la propia tauromaquia respecto a la organización de festejos y, también, por la falta de interés de los novilleros que ocupan hoy en día el escalafón. Por eso sorprendió tanto, fue como una bocanada de aire fresco, que hace dos días el valenciano Jesús Chover nos remitiera al túnel del tiempo y nos demostrara lo que es, ha sido y debe ser siempre, un novillero. Con todos los defectos técnicos que se quiera, pero con el alma auténtica de un novillero. Por eso, también, es lamentable que haya voces que se levanten en contra de actuación tan sincera y propia de su condición, para apuntar y ajustar otro tipo de condiciones más acorde con toreros hechos y derechos que con un principiante como él. Un ejemplo a seguir lo de Chover. Y tanto hace dos días, como ayer, respecto al signo contrario de lo que digo, la demostración clara y evidente de novilleros que más …






