Medio escondida, pero sin esconderse. En un tendido. Mezclada entre la gente -no mucha en esta primera de las de lidia normal-, con una de sus hijas al lado. de blanco -satén-. La mirada fija en la arena. Escrutando uno a uno a los pupilos que cría en La Capitana -Sevilla-. Hablo de Aurora Algarra, heredera por sangre, vocación, alma y vida de la pasión ganadera de su padre, Don -siempre don- Luis Algarra Polera, señor del campo andaluz -sevillano-. Metros abajo -en el callejón con el varón de la familia-, su esposo y marido a la vez, José Murube, otra estirpe ganadera de lo bravo. También heredero del señorío de Don -también siempre el don- José Murube Escobar. Don Luis y Don José ya no están en este terrenal, pero estén seguros donde las estrellas nos hacen soñar que sus hijos Aurora y José, mantienen la señera caballerosidad de la que ellos hicieron gala en la tierra...así en la tierra como en el cielo. Ayer en Alicante, dos de seis de Algarra. Casi el 50%. Dos primores de toros: primero y segundo. Tampoco está mal para los tiempos que corren. José y Aurora unieron sus sangres para formar una familia de dos encastes...en lo personal...en lo familiar...en lo íntimo. En lo ganadero, cada uno por su lado. Cada uno con sus ideas propias y personales. No mezclemos lo que no se debe. En la idea del toro bravo cada uno mantiene la suya. Eso está bien. Igual que en …






