Cuando vas al cine al anuncio de una película de miedo, sabes a lo que vas. Ni se te ocurre pensar que el filme, anunciado como de terror, va a ser de amor. Obvio, parece. Ayer domingo, 3 de junio, se anunciaba en Madrid, dentro de San Isidro, la corrida de Miura. Es decir, anuncio de peli de miedo. Pero en estos tiempos de tantos aficionados, pero tan pocos entendidos, no saben muy bien qué tipo de guión hay previsto en tal o cual tarde de toros. Sobre todo si lo que se programa es una de Miura. De Miura y en Madrid!!! Ni más, ni menos.
La de Miura de este San Isidro de hogaño, fue una “miurada” al uso, pero no tanto al abuso. Hubo miedo, pero también posibilidad final de que el chico se quedara con la chica. Y comieran perdices. Ninguno de los seis “miuras” que saltaron al ruedo de Las Ventas fue el mastodonte ya acostumbrado y asumido del toro de hoy en Madrid. Ninguno. Corrida, como se suele decir en la jerga, vareada. Con cuello. Agalgada, no podía ser menos. Y bien armada; muy bien armada. Flacos algunos, también. O aparentemente flacos, que no es lo mismo. Pero muy en tipo. ¿Película de miedo? Más bien de suspense en cuatro capítulos: primero, tercero, cuarto y quinto. Y, sobre todos, el lote de Rafaelillo. Uno, el segundo, gran toro por nobleza y obediencia. Y un sexto, el de mayor cuajo, de esos de tirar la moneda. Madrid y un toro de Miura de cara o cruz. De bayoneta calada o de refugio en la trinchera. Para atacar por tierra, mar y aire. Pero de esos que dejan huella. Madrid, San Isidro, Miura…Román. ¿Mal, Román? No, tampoco es eso. ¿Bien, Román? Pues tampoco con esas. Pero un Román en el alambre. Esfuerzo máximo; decisión medida. Pero era la ocasión para que surgiera el Román del año pasado en Las Ventas. O el del día de Fuente Ymbro, esta misma Feria. Pero no tocó pelo Román. ¿O sí?
Valencianos por Las Ventas, unos cuantos. De pago y de los otros, de los de mendigar al poder establecido. Madrid, asfixiante por el centro. Guiris que se multiplican y salen por cualquier rincón o esquina. Y buen sol y temperatura. No como al salir de Valencia, que llegamos al AVE empapados por arriba, por abajo, por el derecho y por el izquierdo. Fuimos por Román con la de Miura. Pero no tocó pelo, ¿o sí?
Vicente Sobrino









