Hay dos grupos: en las que los aficionados organizan actividades para que siga viva la llama del toreo y que se diferencian porque unas tienen plazas de toros y otras aspiran a tenerla. Actitudes positivas ambas. Y el otro grupo es las que no, las que pasan o están decididamente en contra de la tauromaquia, como el último caso de Vitoria, todo un crimen taurino contra una feria histórica.






