Empezamos por algo increíble: la prohibición de actuar a los enanitos toreros en espectáculos taurinos. Viene de la “democracia europea” -que se las trae- y la acoge entusiásticamente -vaya tropa- la “democracia española”.
Empezamos por algo increíble: la prohibición de actuar a los enanitos toreros en espectáculos taurinos. Viene de la “democracia europea” -que se las trae- y la acoge entusiásticamente -vaya tropa- la “democracia española”.
Pues todo cambia. Y cómo cambia, afirmaba en mi artículo anterior. Pues ya lo está haciendo José Tomás con sus corriditas de sus 4 toritos que las tragan enfervorizadamente unos cuantos españolitos, a los que ustedes definirán si pueden y lo ven claro.
No sé si se dan cuenta de cómo está cambiando el panorama, que cambia y mucho. Faenas interminables, no vuelta al ruedo sin oreja, pocas ovaciones de montera en mano durante el capote y exprimir a los toros aunque se vea que no va a ser.
La que yo denomino Semana Santa taurina se compone de varias partes:
Nos sigue cayendo la mundial. En la remodelación última del Gobierno, siguen las ministras (ponga aquí todos los calificativos que quieran a las dos (porque yo no me atrevo) animalistas antianimalistas. Y todo el grupo anti. Será porque el presidente del gobierno del desgobierno teme la ruptura de la coalición y posible del poder o porque aquí hay gato encerrado con algo muy gordo.
Ejemplo de CASTELLÓN, que ha dejado desiertos los principales premios siendo coherentes si no hubo méritos aunque sí muchas orejas…Y la empresa se queja de que faltó público. La valentía de no conceder trofeos a lo destacado de la feria es un acto de coherencia y puede que de justicia. No puedo decirlo porque no estuve y tampoco estuvo la televisión.