Entró por la vía de la sustitución y salió por la Puerta Grande.
Entró por la vía de la sustitución y salió por la Puerta Grande.
Los toros de Juan Pedro Domecq, flojos y descastados, se cargaron el espectáculo. Las Ventas, 26 de mayo. Decimonveno festejo de abono. LLeno. Toros de Juan Pedro Domecq, sin opción alguna. Morante de La Puebla, bronca en los dos. Juan Ortega, silencio y ovación. Pablo Aguado, silencio y silencio. Miguel Ángel Herráiz Foto: Plaza 1 Los toros de Juan Pedro Domecq, que demostraron falta de raza, no dieron juego, apenas tuvieron celo, les costó desplazarse y cuando lo hicieron demostraron escaso fondo. Poca materia prima para intentar construir una tarde de lujo, en la Feria de San Isidro, con un público que abarrotó la plaza y fue predispuesto a pasarlo bien en la corrida. Pero no, la cosa cambió desde que dio comienzo la lidia del primero de la tarde. Las ilusiones fueron desvaneciéndose y las previsiones iniciales fueron a la baja en una tarde para olvidar, salvo detalles con el capote y algunos muletazos de Juan Ortega junto a las ganas de Pablo Aguado que no terminó de acoplarse en su lote. Morante no pudo estirarse en el recibo capotero. En el quite posterior a la salida del caballo consiguió lucirse en tres pero no de las de caerse la plaza. Tuvo con la muleta un desarme y el viento que empezó a molestar. Por el izquierdo lo intentó pero sin colaboración del toro lo que propició no la “apasionada entrega” sino la para él necesaria decisión de vamos a lo que toca, es decir intentar …
La tertulia albacetense le tuvo como invitado.
Roca Rey hizo lo más aplaudido de un festejo deslucido por el ganado.
Morante recogió el destinado a la mejor faena de la feria de abril de Sevilla.
Sólo José Garrido pudo dar una vuelta al ruedo al acabar con su primero.