La corrida de El Montecillo creó muchas dificultades a la terna.
Las Ventas, 2 de mayo.
Segunda de la Feria de la Comunidad.
Algo más de tres cuartos de entrada (18.329 espectadores).
Toros de El Montecillo.
Fernando Robleño, ovación y silencio.
Javier Cortés, silencio y silencio.
Francisco José Espada, ovación en los dos.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Segundo festejo de la Feria de la Comunidad, anunciada como corrida Goyesca, con toros cinqueños, salvo el cuarto, serios, peligrosos, que embistieron al cuerpo y crearon momentos difíciles que fueron superados por los matadores, quienes hicieron gala de entrega, conocimiento y oficio saliendo airosos del trance, soportando embestidas descompuestas, parones y mediciones varias, sobreponiéndose a base de valor desmedido, depurada técnica y lidias eficaces. La entrega y transmisión de la que careció el ganado la pusieron Fernando Robleño, quien derrochó asentamiento en ambos, y aunque no tuvo suerte en el uso del estoque, destacó a gran nivel con el reservón primero cumpliendo ante su peligroso y desrazado segundo. Javier Cortés estuvo rotundo frente a un manso al que no remató con el estoque, sin poder repetir tal cota lidiadora por la escasa fuerza del otro. Francisco José Espada resaltó en los dos tragando y jugándose el tipo con un ejemplar sin entrega y otro encastado y peligroso, que se acostó, con riesgo constante, en la faena de muleta.
El que abrió tarde con Fernando Robleño no se entregó en el capote, ni en el caballo y apretó en banderillas. Semigenuflexo le recibió con la muleta y en el tercer pase buscó cuerpo impidiendo rematar con el de pecho. Le dejó llegar y con quietud y valor le marcó la salida. Así en cada tanda. En el tercio se desarrolló la faena y a punto estuvo de ser prendido por la pantorrilla. Finalizó entre las rayas y siguió sin entrega, con media arrancada y la cara alta. El otro, único cuatreño de la corrida, manso y desrazado midió en el capote, solo empujó en una vara. Fernando Sánchez destacó en un par de banderillas. Con la muleta se coló ostensiblemente por el derecho siempre pendiente del torero y por la izquierda, entre las rayas, tuvo que aguantar peligrosas probaturas que solventó con exposición y valor sin límite. Tampoco tuvo suerte en este toro con el estoque.
Javier Cortés intentó parar a su primero que salió suelto en el capote. Blandeó al ir al caballo. Con disposición y quietud comenzó de muleta. El manso cabeceó por el derecho en series intermitentes, ligándolos de a dos con remate de pecho. Siguió con valor robándole muletazos por el izquierdo y en una tanda, citando de frente y a pies juntos, cuajó varios fuertemente ovacionados por el público. Mató mal diluyéndose lo anteriormente realizado. No quiso nada su segundo con el capote. En banderillas entró rebrincado. Al primer muletazo cayó sobre el albero. En las series a media altura mostró escasa fuerza y apenas se desplazó. Le faltó toro.
Francisco José Espada inició en el tercio de muleta por estatuarios, muy ajustados los del pitón izquierdo. Comenzó a levantar la cara y a meterse por dentro tragando el torero. En la serie siguiente apenas pasó y terminó parándose. Una tanda en la corta distancia animó los tendidos. Las ceñídísimas y cercanas manoletinas finales, con los cuernos cerca del pecho, fueron largamente ovacionadas. Faena de enorme riesgo y valor sereno. Saludó y bregó con el capote hasta el tercio, a su codicioso último de la tarde. Encastado y peligroso resultó en la muleta. Tragó el torero, prodigó valor, se quedó quieto y lo sometió. Templó por el izquierdo en varias series dejándolo colocado para ligar los muletazos. Estuvo valiente y demostró suficiencia.









