“Confesiones de Parrita”. La siguiente anécdota la contaba el propio Agustín Parra “Parrita”, alternativado en Valencia en la célebre corrida monstruo, en la que quien firma estas líneas, asegura y no miente, que sí fue uno de los tantos miles de espectadores que presumen de haber asistido al magno festejo.
Parrita dice que el público, en ocasiones, es el que motiva a los toreros para que se arrimen, o hagan lo contrario.
Una tarde en Colmenar Viejo, en mis comienzos como torerillo, echaron un toro pregonao, al que era imposible darle un sólo muletazo. Yo no me arrimaba, más dejaba tierra de por medio.
Comenzaron los pitos, más pitos y la gran bronca, que era de las de no te menees pulguita.
No hice mucho caso. Hasta que el público irritado comenzó a tirar piedras. La lluvia de guijarros era tan intensa, que no me daba tiempo a esquivarlos. La preocupación y el miedo, dicha sea la verdad, empezó a ser preocupante. Era muy difícil alcanzar el callejón, sin el riesgo de salir apedreado.
Lo curioso del caso es que me fijé en un espectador de los altos del tendido, que desde allí dirigía los tiros de piedra a otros lanzadores que desde fuera las recogían y las arrojaban con honda, mostrando una gran puntería.
Ante aquel panorama no tuve más remedio que hacer de tripas corazón y arrimarme todo lo que pude, pasando todo el miedo del mundo.
Pero es que no tenía otra alternativa…









