Y Tomás volvió a dudar

A la espera de las ferias de Castellón, Valencia, la primera de primera del calendario, y Sevilla, la de Valdemorillo se ha convertido en un extraordinario prólogo para la temporada. Y no sólo por el éxito de público: la actuación de Juan Ortega ha hecho que todo el mundo hable de nuevo del torero sevillano.

 

 

 


Paco Delgado

 

 

Convertido ya en un serial que nada tiene que ver con aquel que se celebraba en una plaza improvisada en la plaza del pueblo, con fuente y farola en medio del ruedo, ni la que se daba luego en una portátil con las chimeneas de su fábrica como testigos mudos e imponentes de lo que toreros modestos hacían con toros tremendos ante un público al abrigo de mantas y ropones, el ciclo taurino de este pueblo de la sierra de Madrid, con una estupenda plaza cubierta y una estrategia publicitaria y de marketing -al margen de un servicio de atención al cliente que debería ser imitado en todo el mundo- ha sido todo un éxito. Incontestable. Desde la gran afluencia de aficionados, con notable presencia de famosos y vips, supuestos y reales, hasta los triunfos artísticos, empezando por el de Samuel Navalón el primer día  hasta la notable labor de García Pulido, con susto incluido, en el día de su alternativa. Pasando, naturalmente, por la faena de Juan Ortega a un toro de Núñez del Cuvillo de la que hablan y no paran. Y con motivo.

Verónicas, chicuelinas, delantales… todo a cámara lenta y con una limpieza exquisita para seguir con un trasteo iniciado con un cambio de mano de orfebrería, naturales interminables y sin solución de continuidad, ritmo, cadencia, torería, sabor, pureza dicen muchos… una locura en cualquier caso.

Se volcó sobre el morrillo y el estoque quedó enterrado en el cuerpo del toro del que enseguida se le cortaron las dos orejas que fueron a parar a las manos de su matador, aupado ya a la gloria.

Mucho se venía hablando de este torero hispalense, de su clase, elegancia y sabor. De su arte, de su toreo de capa, de sus maneras como antiguas… pero no terminaba de dar ese paso adelante que le metiese de lleno en la cabecera del escalafón. Faltaba ese triunfo rotundo, inobjetable, en una plaza de primera y una feria de primer nivel. Hay que ver ahora de lo que es capaz de hacer en La Magdalena y, sobre todo, en Fallas, en las que, de volver a repetir lo hecho a las puertas de Madrid, sí que le pondría en esa primera línea que ahora sólo roza.

No han sido pocos los toreros que han tardado en romper, o en lograr ese triunfo significativo que les lanzase definitivamente. Y cuantos, con extraordinaria categoría y condiciones, se han quedado en el camino sin el beneplácito masivo ni el calificativo de figura. Ortega Cano tardó casi 10 años en despuntar desde que tomase la alternativa. Espartaco tuvo que esperar a encontrarse con “Facultades” para recoger lo que durante tantos años había sembrado. Antoñete sólo consiguió el reconocimiento popular en su última reaparición,  con medio siglo bien cumplido. Y así muchos. Llegar y besar el santo es sólo cosa de elegidos que se cuentan con los dedos de una mano.

El toreo es complicado e influyen tantos factores y condicionantes que llegar a los más alto es tarea de titanes y sólo al alcance de muy pocos. Ya saben aquello de lo imposible y el milagro…

Juan Ortega, que lleva apuntando desde hace tiempo, ha hecho ahora diana y parece que se le despeja el horizonte.? Pero debe perseverar y no dormirse en los laureles. Lo tiene en su mano, pero no lo tiene todo hecho, ni mucho menos; al contrario, el triunfo es algo que debe revalidarse día a día, tarde a tarde, y aunque ahora tenga el favor de la mayoría, la masa es olvidadiza, voluble… e insaciable, necesita triunfos a diario y no duda en olvidar tan rápido como encumbra.

Desde luego, como Santo Tomás, que sólo cuando le fue dado el hurgar en la llaga que le presentaba Jesucristo comenzó a creer que iba a ser cierto aquello de la resurrección, no son pocos los que ahora ven que lo de Ortega puede llegar a ramos de bendecir y no quedar sólo en anécdota. Por cierto, todos los que han gastado tanto tiempo, espacio y saliva en hablar de él acerca de asuntos extrataurinos no estaría de más que le dieran cancha y le cantasen lo hecho ante el de los rizos.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.