Con el peor lote, El Niño de las Monjas mostró predisposición, valor y detalles.
Las Ventas, 7 de mayo.
Última novillada previa a la Feria de San isidro. Un cuarto de entrada
Tres novillos de Casa de los Toreros y tres de Montealto.
Solalito, ovación en su lote.
El Niño de las Monjas, silencio y silencio tras dos avisos.
Luis Pasero, vuelta al ruedo y ovación.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Seis novillos se lidiaron en la Monumental de Las Ventas de los que tres fueron de Casa de los Toreros (1º, 2º, 3º) y de Montealto el resto ( 4º, 5º, 6º). Todos tuvieron movilidad pero sólo el tercero colaboró lo suficiente para que el debutante Luis Pasero diera una vuelta al ruedo, que Solalito, quien también hizo su presentación, mostrara su toreo templado, aunque no con el deseado mando, y que el Niño de las Monjas exhibiera, con el peor lote de la tarde, predisposición, valor y destellos en ambos.
Berreón y algo rebrincado fue el primero del francés Solal Calmet “Solalito” quien demostró tener ganas de hacer las cosas bien ante un astado irregular, cambiante, desigual y deslucido que requirió oficio y ante el que mostró temple. No fue suficiente ante un ejemplar que necesitó dominio para intentar conectar con los tendidos. En el otro se lució en banderillas y en la muleta consiguió ir a más por el derecho pero el escaso recorrido, que se acentuó más por el otro pitón, sólo le permitió dar un natural de calidad con remate detrás que apenas brilló entre otros muletazos con enganchones.
El primero del Niño de las Monjas no le dio opción en el capote. En varas no tuvo fijeza ni empujó y en la muleta llevó la cara alta y fue de irregular embestida, aún así consiguió ligar tandas pero sin la armonía suficiente para que la faena fuera a más, salvo las ceñidas manoletinas finales que no fueron suficientes porque el mal uso del estoque no lo permitió. A porta gayola recibió al otro que hizo tres intentos de embestir pero que pasó del torero. En pie y junto a tablas siguió suelto e imposibilitó el lucimiento. La violencia y los derrotes en la muleta dificultaron la labor. Un par de tandas no pudo rematarlas limpiamente y los enganchones deslucieron las series. El valor y la actitud del toreo no fueron suficientes para superar la difícil condición del novillo.
A Luis Pasero le tocó el mejor novillo del festejo de Casa de los Toreros. No empezó bien la cosa pues desarmó en dos ocasiones en el capote. En el último tercio mostró nobleza, bravura, casta y calidad que fueron aprovechadas iniciando con la muleta rodilla en tierra. Por el derecho ligó series largas a media altura, con la izquierda instrumentó templados y profundos naturales en los que la transmisión y codicia del novillo ayudó en la conexión con el público. Su segundo tardeó, fue mirón, brusco y el viento hizo el resto.









