Precocidad, sabiduría y arte fueron siempre acompañantes del maestro del barrio de San Bernardo, desde sus comienzos.
Con un simple saco a la hora en que salían del trabajo, los obreros de la Pirotecnia Militar de Sevilla, empezaron a hacer cola porque un niño rubito toreaba.
“Cuando terminé –comentaba Pepe Luis Vázquez–, al retirarme para que torease otro, un hombre mayor me dio una perra gorda, y me dijo: Si lo que has hecho hoy lo haces algún día con un toro, se hablara mucho de ti.
Fue la primera tarde que toreé en publico. Aquello me puso a mi, a la expectativa, pero yo no había pensado en ser torero”.