Seguimos con los brindis. El diestro Gregorio Sánchez confiesa que, sin llegar a ser un completo “tartaja”, si que es cierto que cuando los nervios le afloraban le costaba mucho comenzar a hablar, pues a menudo dudaba, dudaba y tenía que hacer un esfuerzo para arrancar.
En su época de novillero, cuando apenas llevaba media docena de festejos toreados, se comprometió con su tía para brindarle un novillo a la marquesa de La Puebla, donde su tía trabajaba de sirvienta.
Llegado el momento del brindis, el torero apenas articulaba palabra y movía los labios sin resultado.
Cuando acabó el festejo y ya en el domicilio, la señora marquesa le preguntó:
– Quisiera saber qué me ha dicho su sobrino esta tarde cuando me ofreció el brindis.
– Verá, señora marquesa, es que mi sobrino es muy nervioso y cuando trata de hablar, de tantas cosas que quiere decir, pues a veces no dice nada.
El torero reconocía su defecto y recuerda: “Quise brindarle un novillo a un amigo mío llamado Salvador Martín y cuando estaba frente a él para brindarle empecé a tartamudear, e incapaz de articular palabra, le dije: Lue, lue, luego … te lo digo”.
Gregorio, cuando recuerda estos lances, se rie de sus dotes de elocuencia.









