Ni la octava ni La Quinta

Manuel Diosleguarde es ovacionado en su confirmación.

 

Madrid, 16 de mayo.

Plaza de Las Ventas.

Octava de la feria de San Isidro.

Lleno.

Cinco toros de La Quinta y uno, segundo, de José Manuel Sánchez.

El Cid, de azul noche y oro, silencio y silencio.

Álvaro Lorenzo, de teja y pasamanería blanca, silencio en su lote.

Manuel Diosleguarde, de blanco y oro, que confirma su alternativa, ovación y ovación.

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Octavo festejo de la Feria de San Isidro con toros de La Quinta y José Manuel Sánchez (2º bis), desiguales de presencia, dispares de comportamiento, exigentes y poco colaboradores. El que echó el resto, con entrega, arrojo y derroche de valor en su lote, para darle emoción al festejo, fue el confirmante Manuel Diosleguarde, quien se enfrentó a un primero enrazado al que pudo por el pitón izquierdo, plantándole cara a su segundo, violento y exigente, en una pelea de o tú o yo, con una faena de poder a poder; la mala fortuna en el uso del acero impidió cortar oreja. El Cid mostró oficio en su primero bis noble sin entrega, en su segundo se lo pensó sin terminar de decidirse. Álvaro Lorenzo no tuvo opciones con uno que fue a menos, el otro soltó la cara con peligro.

El confirmante Manuel Diosleguarde recibió a su primero templando por emocionadas verónicas, en las que tragó componiendo bien la figura. Cumplió en varas. Embistió en banderillas con la cara alta. Brindó al público. Inició de muleta con actitud en el centro del ruedo, pasándolo en series por el derecho embistiendo con la cara alta y desplazamiento medido. Por el izquierdo mostró prontitud y transmisión cuajándole un par de tandas dejándosela en la cara, ligando, sin terminar de humillar pero con emoción, que conectaron con el público. El último de la tarde, cinqueño, de salida no prestó atención a los capotes que le ofrecieron, terminó parado en el centro del albero. Manuel Diosleguarde no se lo pensó y fue directo hacia él, mostrándole el capote, embistiendo con escaso desplazamiento, optando el torero por bregar con poderío y manos bajas hacia atrás dejándole colocado para posteriormente acudir al caballo. En varas se entregó en la primera dejándose en la otra. En la muleta exigió el toro entregándose el torero, pasándolo con verdad en series por el derecho corriendo bien la mano, si bien por su irregular condición algunas veces embistió bajando la cara y otras reponiendo, tratando de encontrar lo que había dejado detrás. Lo mostró en el centro del albero por el izquierdo, embistiendo con la cara alta y colándose en la primera serie. En la siguiente fueron de a uno, con intensidad, dando el pecho y evitando la cornada cuando hizo hilo. Retomó el derecho cuajando tres importantes, a media altura, en una pelea de poder a poder en la que el astado persiguió al torero, quien en un exceso de gallardía se paró y dio el de pecho, mientras el respetable contuvo la respiración previendo lo peor, que afortunadamente no se consumó. Toro violento, duro, difícil exigente, complicado e irregular con el que no estuvo afortunado en el uso del acero. No obstante Manuel demostró que con entrega, valor y oficio se puede conectar plenamente con el público y triunfar, aunque no se corte oreja por carecer de fortuna en el uso del acero.

El Cid en su primero bis no tuvo posibilidad de lucirse con el capote, al embestir sin entrega. En varas se dejó. En la muleta lo pasó a media altura, sin transmisión, por la poca entrega del toro, pero con aseo. Su cinqueño segundo en la muleta buscó tablas y terminó rajándose.

Álvaro Lorenzo recibió a su primero con verónicas de vistosa ejecución. Se dejó en varas. Inició con la muleta cerca de los medios pasándolo con pulcritud por el derecho. Pronto fue a menos el astado. En su segundo la falta de entrega y los derrotes impidieron cualquier opción de lucimiento.

Síganos también en:

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO

Para leer a continuación...

Burgos, 30 de junio. Tercera de la Feria de San Pedro y San Pablo. Lleno de 'No Hay Billetes' Toros de Juan Pedro Domecq, el quinto indultado. Morante de la Puebla, pitos y oreja. Emilio de Justo, oreja y dos orejas y rabo. Jarocho, silencio y ovación.

Hace tiempo que se confundieron conceptos. Hoy parece que una gran faena deba medirse por los minutos que dura y no por la emoción que transmite. Mientras el primer aviso se ha convertido en un invitado habitual, el toreo corre el riesgo de sacrificar la intensidad en favor de un metraje excesivo. Porque cuando una …