“Un reserva, que se reserva”
Antes, hace muchos, muchísimos años, posiblemente un par de siglos, las caídas de los picadores eran más que frecuentes. Los empresario tenían que acudir a comprar caballos fuera de la plaza, porque los equinos eran corneados mortalmente.
También los picadores tenían que ser sustituidos con frecuencia. Los había que estaban en el grupo de “reserva”, quienes sustituían a los titulares o a los llamados de tanda.
Era desgraciadamente bastante habitual escuchar ¡Caballos, caballos! ¡Más caballos!, por parte de los espectadores.
El reserva, a la plaza, pronto. rápido.
Los alguaciles decían: de parte del señor presidente, A la plaza.
Uno de ellos contestó. No me da la gana.
En cierta ocasión irrumpió el espada en el patio de caballos.
Vamos hombre. Ha llegado el momento, A la plaza.
Silencio del aludido.
Oyes bien lo que te digo. A la plaza. Y buenos brazos, que el toro se las trae.
El picador le preguntó al maestro. Vamos a ver: ¿ yo soy picador de tanda o reserva?
Reserva, hombre, reserva.
Bueno, pues si soy reserva, lo lógico es que tenga que reservarme,
Y se reservó, porque no hubo manera de que saliera a la plaza.
Le digo a usted guardia…









