“La novia de Reverte”
Sabido es que los toreros han tenido siempre una especial simpatía por parte del género femenino.
El ceñido traje. Su apostura. El valor. El donaire. Su merecida fama y en ocasiones también la abultada fortuna. En una palabra componentes que pueden gustar a las mujeres.
Un caso digno de mención fue el de la artista italiana Paola Di Monte, que se enamoró perdidamente de Antonio Reverte. Este amor se tradujo hasta en cantares. Recuérdese la copla: “La novia de Reverte tiene un pañuelo/ Con cuatro picadores/ Y Reverte en medio/.
El patriarca de la dinastía de los Bienvenida, don Manuel Mejías Rapela, conocido en el mundo del toro como “El Papa Negro”, uno de los mejores aficionados que he conocido en mi vida y del que me siento orgulloso de haber tratado en mis años mozos, relataba una historia amarga, que vivió de este modo.
El Papa Negro le brindó un novillo en sus comienzos a Paola Di Monte reina de las “varietés” como se decía entonces,
Años más tarde Paola murió en Barcelona, según dijeron de amor, porque Reverte se había casado. Paola perdió toda su fortuna viajando sin cesar a las ciudades donde Reverte toreaba. Llegó a trabajar en Madrid, en el llamado Teatro Musical. Salía a escena con un enorme corazón, que por el dorso tenía el retrato de su adorado Reverte. El público sabedor de su historia gritaba ¡Reverte!, ¡Reverte! y entonces Paola con un movimiento de hombros daba la vuelta al corazón donde estaba el retrato de Reverte.
El teatro se venía abajo.
Las cosas del amor…









