“El picador salió huyendo”. Esta anécdota la refería el propio Manolo Zerpa, torero de los años 50 y 60.
Su verdadero nombre era Manuel Bernaldez Zerpa, fallecido en la localidad sevillana de Villanueva del Ariscal a los 81 años de edad.
Manolo Zerpa, a quien vi torear en tres o cuatro ocasiones debutó con caballos en Huelva en 1951. Un año más tarde se presentó en Sevilla con novillos de Lancha alternando con Miguel Ortas y Antonio Chenel “Antoñete”.
Tomó la alternativa en Cartagena de manos de Manuel Cascales y la presencia de Vicente Blau “El Tino”. con toros de Pérez de la Concha.
Durante la década de los 50 toreó bastante, llegando a sumar una temporada 45 novilladas, la mayoría de ellas junto a Antonio Borrero “Chamaco”.
Se retiró del torero en 1964 y siguió hasta su muerte vinculado al mundo de los toros en su faceta de “veedor”.
Vamos con la anécdota. La contaba el propio Zerpa.
Ocurrió en la plaza de Málaga. Una novillada de Pablo Romero en la que 5 de los novillos eran tuertos y el sexto burriciego.
Me correspondió el burriciego.
Antes, por la mañana, un chaval con el que tenía buena amistad, me pidió actuar de reserva de picador en la cuadrilla, a lo que accedí.
El novillo de marras, además de embestir como un tren, como no veía bien de cerca, al llegar al bulto, se frenaba de una manera escandalosa.
Me costó un mundo llevarlo al caballo y cuando lo hizo, el pobre jamelgo salió por los aires.
Entonces eso era bastante habitual, el algunos festejos, pero lo que no era habitual es que mi picador se bajase del caballo antes de una nueva entrada y saliese corriendo por el callejón hasta salir de la plaza.
Así pues el “reserva” se reservó.









