Logra su decimoctava salida por la Puerta Grande.
Las Ventas, 20 de mayo.
Décimo festejo de la Feria de San Isidro.
Toros de Niño de la Capea y Los Espartales
Diego Ventura, dos orejas y oreja.
Leonardo Hernández, ovación y silencio.
Duarte Fernandes, que confirma la alternativa, ovación y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Los toros de Carmen Lorenzo ( 2º, 3º, 4º ), Niño de la Capea (6º ) y Los Espartales ( 1º, 5º ) dieron juego, tuvieron movilidad e hicieron posible que la máxima figura del rejoneo actual Diego Ventura, acompañado entre otros por su caballo con veinte años Nazarí, triunfara cortando tres orejas, que debieron ser cuatro según el público asistente. Exhibió un rejoneo de cercanía, encaje, temple, poderío e inteligencia que conectó con los tendidos y se lo agradecieron junto a su caballo estrella, que se despidió hoy de los ruedos en Las Ventas dando unas galopadas alegres y pintureras, sin cabezal ni silla, hasta que se retiró del albero entre el aplauso general del público presente. Leonardo Hernández mostró disposición y tuvo una actuación de buen nivel. El portugués Duarte Fernandes hizo patente que posee aptitudes para escalar a los primeros puestos del rejoneo. Tuvo la mala fortuna de cortarse en la mano derecha con el rejón de muerte y sufrir la sección del tensor extensor del dedo meñique con herida inciso angular. Tendrá que estar veinte días con inmovilización de la zona afectada.
Bravo, con buena presencia y fijeza fue el primero de Diego Ventura con el que se ajustó para clavar arriba el rejón de castigo. Espectacular fue el desplazamiento a dos pistas templando desde muy cerca y persiguiendo el toro a la grupa del caballo. Las banderillas tuvieron verdad en la ejecución y embroque. Quitó la cabezada para colocar un arpón y finalizar colocando tres cortas al violín con caracoleo incluido. Mató en el centro del ruedo y el público se entregó. Dos orejas. En la puerta de chiqueros recibió con la garrocha a su segundo. Continuó con cercana galopada de costado para finalizar clavando arriba. El toro fue pronto, con presencia y armonioso desplazamiento que aprovechó Diego para colocar tres cortas y finalizar con un espléndido rejonazo de muerte. El Presidente sólo concedió una oreja y soportó bronca y silbidos.
Leonardo Hernández recogió y recortó a su primero con mandones círculos de escaso radio y colocó al astado para clavar arriba el rejón de castigo. Se lució en un espectacular par a dos manos cuya colocación no tuvo la reunión deseada. El deficiente uso del rejón de muerte hizo que decreciera el entusiasmo del público. Su segundo manseó y buscó tablas. Consiguió sacarlo y las banderillas cortas al violín gustaron al respetable. El mal uso del descabello amortiguó los calurosos aplausos que escuchó durante la faena.
El portugués Duarte Fernandes confirmó la alternativa con Diego Ventura como padrino y Leonardo Hernández de testigo. Su primero buscó tablas y se paró. Arriesgó, pisó terrenos comprometidos y quebró en la cara del astado. Dejó buenas sensaciones. En el que cerró plaza se hirió en el dedo meñique de la mano derecha.









