Orejas para la esperanza

Daniel Luque y Ginés Marín tocaron pelo en el arranque de la feria de julio.

Valencia, 14 de julio.
Primera de feria
Un tercio de entrada.

Toros de Luis Algarra, bien presentados, justos de fuerza y de juego desigual, destacando el tercero.

Miguel Ángel Perera (de coral y oro), silencio con aviso y silencio.
Daniel Luque (de blanco y oro), silencio y oreja.
Ginés Marín (de purísima y oro), oreja y ovación con aviso.

De las cuadrillas destacaron Viotti y El Patillas.


Paco Delgado

Foto: Grupo Nautalia

Comenzó la feria de julio de Valencia, la otrora gran feria no solo de la ciudad del Turia: la primera gran feria del calendario, con una asistencia desoladora. Tres, cuatro mil espectadores… Alrededor de un tercio de entrada, siendo generosos, registró el coso de Monleón para este primer festejo de un abono al que hace años abandonaron a su suerte.

Tampoco nadie daba un duro por el tercer toro de la tarde, distraído de salida y declaradamente manso en los dos primeros tercio. Pero algo le vio Ginés Marín que brindó su muerte al público. Y no se equivocó. El de Algarra cambió diametralmente y embistió con fijeza y ahínco, siguiendo la muleta que manejó con mucho mando y firmeza un Marín que ligó los muletazos sin enmendarse aún cuando tuvo en contra al viento.
Fue ovacionado de salida el sexto, cumplidor en varas y que se lo pensó mucho en la muleta. Cuando arrancaba lo hacía con ímpetu y un punto de fiereza que no fue fácil domeñar, obligando mucho a su matador que dio siempre la cara y acabó sometiéndole en una faena muy trabajada y tesonera en la que escuchó un aviso antes de entrar a matar.

Daniel Luque, además del bajón moral de ver tan poca gente, tuvo un primer oponente sin fuerza que apenas acometió, manteniéndose en pie a duras penas y haciendo inútil el esfuerzo de su matador por sacar algo positivo.
Atacó el quinto de lejos y con poder al caballo y por dos veces, empujando y hasta romaneando, no perdiendo por ello fuelle en el último tercio y, aunque cabeceando, permitió a Luque lucir su firmeza en un trasteo que fue decreciendo conforme se apagaba el toro.

Ver tanto cemento debió influir en el ánimo de Miguel Ángel Perera, que no anduvo concentrado en ningún momento. Le molestaba el viento, una banderilla, una mosca… No estuvo a gusto ni se acopló nunca con un primer toro de proceder cansino pero que cuando embestía lo hacía con rectitud y buen son. Pero su matador, en una faena tan larga como hueca, no logró entenderse con él ni, mucho menos, conectar con el tendido.
Y en parecidos términos discurrió la lidia del cuarto, un animal que no se empleó pero con el que tampoco el extremeño se acabó metiendo, abusando de medios pases y desplazando siempre hacia afuera.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…