En VALENCIA corrida con trío que no valió para llenar la plaza y sí tres cuartos. O así. Con MORANTE. Una ensalada, con un rejoneador, PABLO HERMOSO, que se iba, una figura para esperarla y exigirle, MORANTE, y un torero local, NEK ROMERO, dueño del cariño del pueblo y generador de ilusiones y esperanzas. ¿Corrida mixta?. No. Mixtísima. Tres públicos. ¿Cuál se impone de los tres? Porque más distintos no pueden ser. Ensalada de paseíllo. ¿Había sobresalientes?. Nunca hay para el rejoneador, que iba a lidiar dos toros ¿y se si lesiona? Pues el público se queda sin caballos. Bonita manera de defender sus derechos... Sobresalientes para los de a pie, sí: MANUEL DIAS GOMES y VÍCTOR CERRATO y , mientras, los banderilleros de MORANTE suplían a un herido y ponían los palos a los novillos. Una ensalada para no repetirla. Y eso que no hubo más percance que el del banderillero JOSÉ MANUEL MÁS… Ahora hace falta añadir al trío un novillero/a sin picadores. Y festejo completo.
Los avisos se han convertido en norma habitual en cada tarde de toros. Hace tiempo no era así. Ahora los matadores alargan las faenas generalmente en exceso. A falta de intensidad demasiada dilatación. Por otra parte, sólo la aparición del toro serio, con trapío, motiva al matador, capta al espectador y confiere entidad a cuanto se realiza frente a él.
En todos los ámbitos de la vida, en lo personal y lo profesional, el respeto es fundamental, tanto para con uno mismo como, más, con los demás. Si no se guarda una mínima consideración para con quien te rodea, el conflicto está servido y con él llega todo lo peor.
Hace unos días Román mató en Valencia, en Fallas, una corrida como único espada. Pues bien las corridas en solitario ante seis toros enloquecen a los microfoneros de radio y televisión y a los escribidores en las redes o en papel que repiten epileptoides : encerrona, encerrona, encerrona, encerrona y encerrona. Pues no.
CASTELLÓN acaparó las miradas de estos días y también las que se elevaban al cielo por las suspensiones por lluvia, con mucho frío y hasta nieve.
Es lo que hay, pero no es lógico ni posiblemente correcto. Que un novillero novel, de buenas a primeras, se la tenga que jugar en una plaza de categoría, es lo mismo que si a un piloto de karts le dan directamente un Fórmula 1 para competir en Mónaco. Si detrás no hay un mínimo tiempo de aprendizaje y un fuerte apoyo económico para prepararse exhaustivamente, las posibilidades de que todo salga bien son las mismas que toque el gordo de la lotería.






