Tradicionalmente los toreros han sido tipos con cierta chulería, entendiéndose por ello que se distinguen por presumir de elegancia en su forma de vestir y de vivir, y también por adoptar, en muchos casos, una actitud un tanto bravucona y de desafío. Pienso que es algo que conlleva su habitual victoria ante la muerte. Hace unos días, el novillero Cristiano Torres se puso chulo realizando un brindis, y los inquisidores de las redes sociales se rasgaron las vestiduras. Seré un romántico, pero bendita osadía la del chaval, que está en las antípodas de la monotonía y el conformismo que demasiadas veces imperan en los ruedos. Ahora que cumpla sus intenciones, y la tauromaquia agradecerá su atrevimiento.
Acabaron las ferias de novilladas de Algemesí y Arnedo, dos de las más importantes y significativas no sólo de las que tienen al escalafón como base, sino de la temporada, ya que muestran cómo anda y progresa la nueva hornada de toreros. Y tras lo visto, hay dudas.
Por fin y llegó el ahora que debió ser el antes, pero Dámaso ya tiene placa. Más méritos que algunos que se le adelantaron o los adelantaron. Pero nunca es tarde si la dicha llega. Ésta sí ha llegado, algo tarde pero ha llegado. Y Dámaso tiene su placa en Las Ventas, plaza que lo torturó al principio y lo aclamó convencida al final, cuando estuvo a un gran nivel pero quizá no en el de sus mejores tardes.
Mucho se ha movido, o danzado, el toreo en los últimos días. Lo que demuestra una vez más que está vivo, que nadie puede con él… ¡y que, no obstante, hacen falta muchos cambios y mejoras!.
Ni un paso atrás. Esta vez no hubo puerta grande para él porque no cortó suficiente número de orejas para abrirla, pero profesionalmente ganó enteros. Un paso adelante en valor, en capacidad, en reconocimiento, en expectación. Estadística a un lado, Nek Romero convenció con rotundidad tras su última actuación en el festejo mixto de octubre en Valencia. Llega a matar bien y hasta la fría ficha de la función le carga de argumentos. Pues eso le toca ahora; matar bien.
El anuncio de su adiós fue una de las grandes noticias del verano. Tras un cuarto de siglo como matador, Julián López “El Juli” creyó que su ciclo había concluido y, sin prórrogas ni moratorias, ponía fecha para cerrar una etapa que, con sus altos y bajos, ha sido, sin duda, brillante.





