Desde su fundación en 2018, la televisión pública valenciana ha pasado totalmente de los toros. Ni un solo día se han asomado a la plaza de toros de la calle Xàtiva, desatendiendo el interés de los más de 94.000 espectadores que han pasado por taquillas esta temporada. Ni un solo día bajaron a una calle para dar cuenta de algunos de los 8.702 festejos de bous al carrer que la campaña pasada se organizaron en 259 de sus municipios. El domingo se celebró la media maratón en la capital del Turia y la televisión autonómica desplazó quince cámaras, una grúa y tres motos para ofrecer una cobertura exhaustiva de la carrera. Resulta evidente que no se trata por igual el derecho a la información de todo el pueblo.
Hay que resaltar la importancia de hacer las cosas, aunque sea con retraso, a no hacerlas nunca. Hacer algo después de lo previsto es siempre preferible a no hacerlo. Así ha sucedido con Dámaso González, un grandísimo torero al que le costó ser reconocido como tal. Sobre todo en Madrid.
Un caso como éste creo que ni lo han visto los más viejos del lugar. Es más: seguramente un solo viejo. Salir por la Puerta Grande de Las Ventas dos tardes consecutivas… y estar sin torear, en plena temporada de verano, 2 meses y una semana es incomprensible, impensable, ilógico, absurdo. Se puede decir de todo. No hay por dónde cogerlo.
Con la temporada 2023 ya en la historia, en los archivos y en las imágenes, tenemos que recordar los pocos paseíllos para muchos toreros (incluso los de arriba), los muchos espectadores en las grandes ferias (menos la agónica BILBAO) con muchos nuevos asistentes jóvenes e incluso muy jóvenes y SEVILLA con llenazos los tres días de SAN MIGUEL y las grandes entradas en la de OTOÑO con los carteles buenos y menos buenos. Y a seguir por el camino de lo que tiene éxito.
Tradicionalmente los toreros han sido tipos con cierta chulería, entendiéndose por ello que se distinguen por presumir de elegancia en su forma de vestir y de vivir, y también por adoptar, en muchos casos, una actitud un tanto bravucona y de desafío. Pienso que es algo que conlleva su habitual victoria ante la muerte. Hace unos días, el novillero Cristiano Torres se puso chulo realizando un brindis, y los inquisidores de las redes sociales se rasgaron las vestiduras. Seré un romántico, pero bendita osadía la del chaval, que está en las antípodas de la monotonía y el conformismo que demasiadas veces imperan en los ruedos. Ahora que cumpla sus intenciones, y la tauromaquia agradecerá su atrevimiento.
Acabaron las ferias de novilladas de Algemesí y Arnedo, dos de las más importantes y significativas no sólo de las que tienen al escalafón como base, sino de la temporada, ya que muestran cómo anda y progresa la nueva hornada de toreros. Y tras lo visto, hay dudas.






