La Tauromaquia es patrimonio cultural guste o no guste; así lo estipula la legislación. Los cargos políticos están en su derecho de tener su opinión personal al respeto, pero no pueden ir en contra de ella porque para acceder a sus puestos prometieron cumplir las leyes y la Constitución, en cuyo artículo 46 establece que la ley penal sancionará los atentados contra el patrimonio cultural.
Para que el espectáculo taurino sea algo más que un mero cuadro plástico, es imprescindible que el toro acometa y el torero responda. Sin esta premisa todo lo demás está de más.
Tras la de Fallas y la de abril, estamos como estábamos. Morante y Roca Rey acaparando la atención y los demás esperando a que les dejen paso, tanto los veteranos como los jóvenes que llegan.
Ya casi está olvidada SEVILLA y su feria de abril y se huele la de SAN ISIDRO y más de uno ha caído en la cuenta de que los jurados de lo ocurrido en la MAESTRANZA han olvidado a MIGUEL ÁNGEL PERERA por su tarde redondísima, a punto de cumplir el 23 de junio nada menos que 20 de alternativa, siempre arriba y siempre demostrando ser uno de los mejores temporada tras temporada. Los jurados de SEVILLA olvidan a este torero que no es de SEVILLA pero que triunfó plenamente. Es de justicia decirlo. Y lo digo porque no he sido nunca de ningún torero sino de sus méritos de cada día.
Para llegar a ser figura del toreo influyen múltiples factores relativos a las condiciones técnicas, de valor y de personalidad de cada individuo. Pero además, intervienen variables que pueden pasar desapercibidas que tienen que ver con ciertas capacidades fisiológicas y que pueden contribuir o trabar la consecución de una suma de festejos importante.
La recién finalizada feria de abril de Sevilla ha sido, sin duda y pese a quien pese, no sólo un éxito -artístico, de asistencia, repercusión y varios etcéteras más- sino también un punto de inflexión en el devenir de la fiesta. Me dirán exagerado, pero a los hechos me remito.






