Si hasta el día 26 de abril la actual edición de la feria de abril de Sevilla estaba dando titulares y argumentos para la esperanza, a partir de ese día hay que considerar ya a este serial como histórico. Morante de la Puebla, otra vez él, puso la plaza boca abajo tras una faena antológica. Cortó un rabo, colapsó la ciudad, desató la locura y demostró lo grande que es el toreo.
Clamor. Hasta he recibido vídeos de amigos antitaurinos “para que disfrute” por si no lo había visto. Nunca me había pasado. Nunca había visto tanto enloquecimiento general. Nunca a un presidente cumpliendo su promesa. Nunca así a hombros hasta el hotel. Y vídeos a miles.
Empezamos por algo increíble: la prohibición de actuar a los enanitos toreros en espectáculos taurinos. Viene de la “democracia europea” -que se las trae- y la acoge entusiásticamente -vaya tropa- la “democracia española”.
Tres días en la feria de Abril de Sevilla han servido para impregnarme de ambiente taurino y recargar las pilas de una pasión que a orillas del Guadalquivir se vive sin complejos y con una intensidad muy superior al de otras latitudes. Mi visita anual a La Maestranza refuerza mi afición y se ha convertido en una costumbre que espero con anhelo cada temporada
Con la muerte de Fernando Sánchez Dragó se ha vuelto a poner de manifiesto el tan especial carácter español y no han sido pocos los que han aprovechado la desgracia para arremeter contra uno de los personajes más preparados, inteligentes y atractivos de nuestra cultura.
Pues todo cambia. Y cómo cambia, afirmaba en mi artículo anterior. Pues ya lo está haciendo José Tomás con sus corriditas de sus 4 toritos que las tragan enfervorizadamente unos cuantos españolitos, a los que ustedes definirán si pueden y lo ven claro.






