El pasado domingo, 13 de septiembre, nos dejó, físicamente: en nuestra memoria y recuerdo estará para siempre, Luis Álvarez, novillero en su día, experto en publicidad y relaciones públicas, empresario, apoderado de toreros, enamorado de la fiesta taurina y todo lo que la rodea y, por encima de cualquier otra consideración, una persona afabilísma, que se desvivía por  los suyos.

Grande e indiscutible. Como él, y cada uno con su personalidad, he conocido a tan pocos que tengo suficientes dedos en una mano y me sobra uno. Luis Álvarez fue un grande. Y tengo en mi memoria y en mi corazón a Manolo Chopera, Manolo Cisneros y Juan Manuel Moreno Menor. Dos Manolos, un Juan Manuel y un Luis. Que amaron el toreo y a su profesión como personajes únicos.

Un año más, cuando las manecillas del reloj de la Basílica de San Jaime de Algemesí marquen, el próximo sábado 19 de septiembre las seis de la tarde comenzará, como marca la tradición, una nueva edición de la tradicional feria de novilladas de esta localidad valenciana. En ella, los festejos se desarrollan en el incomparable marco que, en la plaza mayor de la ciudad, conforma un palenque de madera compuesto por el montaje de 29 peñas cadafaleras, que supone todo un ingenio  arquitectónico. Las más de 4.000 localidades que afora el coso se verán colmadas tarde tras tarde de un público entusiasta y que dota de un singular colorido a los espectáculos. Son los propios cadafaleros quienes se encargan de levantar su parte del coso, bajo la atenta mirada del técnico de plaza y bajo la supervisión del aparejador y del arquitecto municipal. El recinto se divide en 29 gradas dispuestas en cuatro secciones: de la 2 a la 4 forman el lado del Ayuntamiento, del 6 al 14 el de la Pastora, del 16 al 20 el de Xarpa, y del 22 al 29 el de la Iglesia. Quedan cuatro gradas que forman los cuatro esquinas del palenque, el 1, el 5, el 15 y el 21. Su perímetro total es de 105,60 metros. El patio de caballos se sitúa en la calle Valencia. La presidencia de los festejos se ubica en el balcón de la casa consistorial y el reloj de la torre de la basílica señala la hora del comienzo de los festejos, cuyo …

La Pobla Llarga ha recuperado sus toros gracias al esfuerzo de unos aficionados que han puesto tiempo y dinero para hacer realidad su ilusión. Pero, además de múltiples obstáculos, han tenido que enfrentarse a quienes pretenden convertir una opinión personal en una lección de moralidad y decir a los demás qué pueden o no pueden disfrutar.

Aunque aún quedan dos meses por delante, y todavía mucha tela por cortar y cosas que contar, parece que es con el noveno mes del año cuando se enfila la recta final de la temporada. El fin del verano, la vuelta a una normalidad en buena medida alterada por las vacaciones y sus trastornos, y el retorno a la rutina del día a día nos provoca esa sensación melancólica de fin de ciclo.

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