Cuando las cosas vienen bien dadas es muy fácil dárselas de impecable, atento, solícito y etcétera. Y parecerlo. Lo difícil, y más raro, es serlo cuando surgen problemas o aparecen dificultades que exigen sacrificios o esfuerzos que puede que no tengan reciprocidad. Ahí es donde está el mérito.
Ya dejó de hablar Juan Ortega. Tanto bla, bla, bla para ná de ná. Y los basureros. Tantos minutos de programas de los basureros televisivos para no informar y sólo hacer como las porteras chismosas de antaño, que éstas al menos conocían a los vecinos y sabían de lo que hablaban.
Los gustos están cambiando. O ya han cambiado. O falta cultura taurina que ponga en valor lo que tiene valor. Ahora, lidiar un toro sobre las piernas parece algo de la prehistoria. Priman los chispazos a la profundidad en faenas que se pierden en la cantidad. Nos hemos acostumbrado a que suenen avisos a mansalva cada tarde, y a que suene la música a las primeras de cambio. Sí, las cosas están cambiando sin remisión.
La lluvia desluce o suspende la apertura en serio de la temporada y los festejos televisados del fin de semana. La danza de los ruedos, ya en el marzo taurino, queda incompleta.
Bípedos, según el diccionario; clase que distingue a las especies en razón de su modo de desplazamiento, siendo la humana la más significativa y evolucionada, aunque, luego, a la vista de muchos comportamientos, no está la cosa tan clara.
Se lo cuento y ustedes opinan. Estos son los pasos importantes:






