Dentro del triunfalismo, las muchas puertas grandes, el récord de orejas concedidas, los llenazos lógicos e ilógicos, la juventud en gran número, empieza a preocupar la situación actual de la aceptada como primera del mundo, que muchos no consiguen comprender en su estado actual. Argumentan que se ha disparado y algunos sectores empiezan a inquietarse.

El de ayer fue un festejo distinto a lo habitual. Un espectáculo emotivo, en el que el argumento fue el concepto de tauromaquia como lidia, como sentido del riesgo.

La feria de San Isidro deja cada año imágenes, actuaciones y comportamientos que invitan a la reflexión. La pérdida de la lidia clásica, el protagonismo de los subalternos y matadores banderilleros, las salidas a hombros, la actitud de algunas figuras, la presencia de El Juli y del Rey Felipe VI en los tendidos o la irrupción de nuevos valores son algunos de los aspectos que han llamado la atención.

Poco a poco, con más antelación puede que otros años, la temporada va viendo como se rellenan sus fechas y sus ferias adquieren contenido, forma y cuerpo. Las combinaciones para los distintos seriales van siendo presentadas, cada vez con fastos más tremendos, más pompa, boato, lo que es bueno y positivo, y anticipación, lo que ya no me parece tan bien, en según que casos.

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