Hay tardes que no se explican. Se sienten. Y hay toreros que no se miden por estadísticas, ni por puertas, ni siquiera por las vueltas al ruedo que da la historia. Hay toreros que pertenecen a otra dimensión, a un territorio donde el tiempo no transcurre, sino que se detiene. Allí habita José Antonio Morante de la Puebla.
Dentro del triunfalismo, las muchas puertas grandes, el récord de orejas concedidas, los llenazos lógicos e ilógicos, la juventud en gran número, empieza a preocupar la situación actual de la aceptada como primera del mundo, que muchos no consiguen comprender en su estado actual. Argumentan que se ha disparado y algunos sectores empiezan a inquietarse.
El de ayer fue un festejo distinto a lo habitual. Un espectáculo emotivo, en el que el argumento fue el concepto de tauromaquia como lidia, como sentido del riesgo.
Sigue el exitoso San Isidro de los llenazos, los jóvenes, la pandemia de avisos, las corridas cercanas a o en las 3 horas, las orejas, las puertas grandes, las apoteosis verdaderas, generosas, justas o falsas.
La feria de San Isidro deja cada año imágenes, actuaciones y comportamientos que invitan a la reflexión. La pérdida de la lidia clásica, el protagonismo de los subalternos y matadores banderilleros, las salidas a hombros, la actitud de algunas figuras, la presencia de El Juli y del Rey Felipe VI en los tendidos o la irrupción de nuevos valores son algunos de los aspectos que han llamado la atención.
Poco a poco, con más antelación puede que otros años, la temporada va viendo como se rellenan sus fechas y sus ferias adquieren contenido, forma y cuerpo. Las combinaciones para los distintos seriales van siendo presentadas, cada vez con fastos más tremendos, más pompa, boato, lo que es bueno y positivo, y anticipación, lo que ya no me parece tan bien, en según que casos.
- 1
- …
- 325






