Avisos, avisos y más avisos

Avisos, avisos y más avisos. Y lo repito tres veces que es el número horrible para mandar el toro al corral y que el matador se vaya con la cabeza gacha -¿o ya no?- para el burladero. Muchos avisos. Muchísimos.

 

Esta ha sido la parte numérica negativa -¿o ya no?- del sanisidro 26, no recogida en el comunicado final de la triunfadora, triunfalista y forrada Plaza 1, con tantos espectadores y tantas entradas vendidas. Récord. Supongo que también tendrá importancia para el desarrollo del espectáculo porque en el comunicado, informativo creo, no se hacía mención a los 85 avisos (75 para los matadores y 10 para los novilleros) que tuvieron que oir y tuvimos que escuchar. Repito: 85 en total, algunas tardes nada menos que 6: 2. 2. 1 y 1. Y sólo 1 al corral, que no importó demasiado.

Y entra de lleno en una modificación del espectáculo que dura más que nunca, ya siempre de dos horas y media y otras, tremenda cifra, cercana a las tres. Al público, que pasa de casi todo, en los toros y fuera, parece no importarle de momento. Pero puede llegar el día en esta sociedad tan cambiante como sorprendente que le aburra.

Es lo que más cuenta: faena, o así, interminables, repetitivas y vulgares. Igual también en las buenas. Es la moda. Muchos oyen el primer aviso antes de entrar a matar, pero como si oyen llover. Y así alargan el espectáculo como nunca se había visto y padecido. Los toreros ahora son los más pesados del mundo junto a muchos curas con sus insoportables, especialmente por largas, homilías.¿No hay nadie que les diga algo a curas y a toreros?.

Se acumulan minutos y minutos y muchos no se creen, aunque lo padecen, que pueda durar tanto.

Dejamos a un lado a las mulillas, que con su lentitud quieren dar tiempo para que se concedan orejas, al ir a 1 km por hora. Pero esto siempre ha sido así y no influyen en los horarios alargados.

Hay otras circunstancias que empiezan con los pisahuevos, antes alguacilillos, en sus caballos andando con solemnidad y a menos ritmo todavía que los mulilleros. Ya empiezan a alargar la corrida con sus desesperantes andares a menos de km/hora.

Después, todo va más lento que antes. Hay que esperar a que los tranquilos picadores y a su ritmo lleguen al sitio -¿no se puede arreglar esto?- y a continuación esperar a que se vayan para que los banderilleros entren en acción dentro de la moda lenta.

Echan la culpa también los estudiosos preocupados por la nueva situación al descabello. No sé si ahora serán peores, pero no veo mucha diferencia con tiempos anteriores.

El quid de la cuestión está en el alargamiento de las faenas, muchas veces montón de muletazos malos y vulgares, cantidad de trapazos, que aburren. Y parece que esta mala costumbre se acepta.

Y así hemos aguantado 85 avisos, hasta de los novilleros porque todo se pega, sin haber comprobado, habrá que hacerlo en el futuro, si algunos presidentes fueron generosos al avisar con el pañuelo blanco.

Pero saquen la media de avisos diarios -¿hubo alguna tarde sin ellos?- y comprobarán que la cifra es tremenda.

Como todo aumenta, ¿lo hará en el 2027 el número de espectadores, puertas grandes, orejas y… avisos?

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