Lo de MORANTE está clarísimo. Es el torero de 2021 cuando llegamos a agosto y quedan apenas tres meses para el fin de la temporada. Se vacía cada tarde, busca los encastes que a sus compañeros les producen diarrea, actúa más que nadie y hasta dicen que quiere abrir cartel  –lo que todos rechazan- en la de OTOÑO y con ALCURRUCÉN. Está dando sopas con honda y sin apoderado. En la miniferia de Vista Alegre por San Isidro se quedó solo y no ha comunicado  que tengan otro.

Que en el sector taurino no hay unión es de sobra conocido. Y aunque todos la reclaman nadie da el primer paso. Es evidente que cada cual tiene unos objetivos y que unificar criterios es pura quimera, quizá sería hasta ilógico. Pero hay casos en los que ir de la mano en ciertos asuntos le haría mucho bien a la tauromaquia y a los propios profesionales. La licitación por la plaza de Valencia era una ocasión manifiesta para que los empresarios se hubieran puesto de acuerdo en el apartado económico, lo que habría acabando siendo beneficioso para ellos, para los toreros, para los ganaderos, para el público y hasta para la redacción de nuevos pliegos de condiciones de arrendamiento de cosos de titularidad pública.

Y Valencia al fondo. Valencia y las plazas de titularidad pública, para las que se pide adjudicación a coste cero, sin contrapartida económica y libertad absoluta para programar a gusto y conveniencia de su gestor, que para eso es el que sabe y entiende del negocio. O eso se supone.

Se ve que MORANTE está de moda esta temporada o que la actualidad, caprichosa, se ha fijado en él. Y para bien, porque lleva una biografía muy positiva. Últimamente, querer torear los encastes no deseados por sus compañeros que encabezan el escalafón y, ahora, esta lucha contra la informática tirana.

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