Aunque demasiadas veces la inanición del sector profesional taurino invita al pesimismo, siempre acaban apareciendo motivos para reilusionarse y pensar que la tauromaquia pervivirá a pesar de todo. La aparición de nuevos valores cargados de interés, el incesante goteo de aficionados jóvenes y la actitud de varias figuras son algunas de las razones para seguir creyendo en el futuro del toreo.

Si de algo está sirviendo la presente edición de la feria de San Isidro, de la que sus Bodas de Platino han pasado inadvertidas para el mundo oficial -ni la empresa gestora ni la Comunidad de Madrid han hecho caso de la efeméride-, al margen de triunfos y otras cosas, es para tomar conciencia de lo mucho que representa el toreo. Que no es si no, nada más y nada menos, una representación de la vida. Ahí es nada.

A los profesionales del odio no les importó que Chanel mostrase sus sugerentes nalgas en el festival de Eurovisión, ni su baile sexy, ni su erotismo. Lo intolerable para ellos fue que vistiera una chaquetilla que recordaba a la de un torero. Una bandera española e inspiración taurina visible para todo el mundo… Ufff, insoportable para los haters progres.

La tarde del 11 de mayo de 2022 pasará a la historia, no sólo de la feria de San Isidro, sino a los anales del toreo, como aquella en la que El Juli dio un paso más allá en su tauromaquia y dejó una actuación antológica.

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO

PÍDENOS PRESUPUESTO