Precisamente ahora, cuando arrecian los ataques de los antitaurinos, mal llamados animalistas, mal llamados ecologistas, financiados por oscuros intereses comerciales y políticos y apoyados por parte de esta nueva izquierda radical antiespañola y buena parte de partidos corruptos, timoratos y con doble moral, que buscan sólo su propio provecho, absteniéndose o votando en contra del espectáculo taurino cuando así conviene a sus intereses, el toreo está dando lecciones.
En este 2016, tres corridas de toros, una novillada con picadores, recortes y desencajonada, y menos mal que ya no televisan a troche y moche, porque sino, ni eso… ¿Culpable? ¿Los antitaurinos? La política, dirán los taurinos, pues son muchos los problemas, entre otros las televisiones que emiten decenas de series, películas y politiqueros.
En una tarde de verano, de calor intenso, de emoción, de sanfermines, de feria del Ángel, de vida y de amor muere un torero en Teruel, en su ruedo, sin dar tiempo a nada más que a llorarle.
Que la memoria es frágil es tan viejo que ya en la antigua China decían que la tinta más pobre de color vale más que la mejor memoria. Tan mal andamos de ella, de memoria, no de tinta, que ya no recordamos que Aristóteles nos advirtió que gracias a esta facultad se da en los hombres lo que se llama experiencia.
Basta ver el nombre de José Tomás anunciado en tal cual feria para que sean legión los aficionados que peregrinan a su reclamo y llenan las arcas de las empresas a las que les ha tocado la lotería.
Va a explotar julio con el tercer gran puerto de montaña de la temporada, Pamplona y esperamos con ilusión, mucha, Valencia, Mont de Marsán y Santander. Bien montadas las tres -Valencia chiquita pero redonda y las demás muy atractivas- tenemos otra vez la desgracia de la persecución de los políticos a los toros en la Comunidad Valencia y en la capital de Cantabria.






