Mi deseo taurino para este 2023 que acaba de comenzar podría resumirse en “respetar al aficionado”. Que empresarios y apoderados procurasen contentar sus gustos y demandas sería lo más justo y oportuno. La clientela quiere ver toros bravos y toreros con méritos e interés para ser anunciados. Emoción y plazas llenas es el mejor antídoto contra antitaurinos apocalípticos
Comienza un nuevo año y con él una nueva temporada. Es tiempo de ilusiones, de esperanza y de puesta a punto. El toreo, a este lado del Atlántico, se despereza y comienza a calentar motores de cara a una campaña que se espera apasionante y, ojalá, brillante.
Mientras que el periodismo deportivo está abierto a todo y el político según convenga y esté subvencionado, el taurino es un sepulcro impenetrable. Impera la ley del silencio absoluto. No hay más que adelanto de carteles de ferias. Que puede ser información o publicidad gratuita. O las dos a la vez.
El adelanto de la presentación de la próxima Feria de Fallas, que se hará oficial con un mes de antelación respecto a los plazos habituales, ayudará a crear ambiente taurino en Valencia antes que otros años. Por el contrario, la prohibición de torear en Cali a Marco Pérez, que impuso el presidente colombiano Gustavo Petro, sólo pretende debilitar la afición a los toros.
Faltan apenas horas para que se cierre este capítulo de nuestra vida. El año 2022 está prácticamente acabado y con él una temporada taurina que ha significado el retorno de una normalidad destruida por el coronavirus y servido para demostrar que la gente sigue yendo a un espectáculo maltratado por muchos.






