Un año para la esperanza

Faltan apenas horas para que se cierre este capítulo de nuestra vida. El año 2022 está prácticamente acabado y con él una temporada taurina que ha significado el retorno de una normalidad destruida por el coronavirus y servido para demostrar que la gente sigue yendo a un espectáculo maltratado por muchos.

 

 

 


Paco Delgado

 

Empezando, curiosa y paradójicamente, por quienes más tendrían que mimarle, cuidarle y potenciarlo. Pero ni siquiera el susto que dio la pandemia ha hecho que impere el sentido común y se continúa obrando como si nada hubiese sucedido e imperando la ley del pan para hoy.

Puede que así sea a la vista de que el resultado de la campaña ha sido muy esperanzador. Tras dos años de caos, desconcierto y ruina -dejando ver bien a las claras la asustante falta de entidad en las estructuras que, se supone, deben mantener y sustentar un negocio que mantiene a más de 200.000 familias, que se dice pronto, y que genera una gran cantidad de dinero, buena parte para un Estado que le desprecia y no le presta la atención precisa, también por el desinterés de quien maneja el sector-, este último ejercicio devolvió la ilusión al mundo taurino, algo que buena falta hacía después de tanto sufrimiento.

Aunque el año comenzó de manera un tanto titubeante, con ferias más cortas debido a secuelas del parón y la gente se retrajo a la hora de acudir a las plazas -las ferias de fallas y Magdalena, también por el mal tiempo, tuvieron mucho menos público del deseado-, poco a poco la cosa se fue animando  y con la feria de abril sevillana cambió el panorama. La Maestranza registró grandes entradas y no digamos San Isidro, feria a la que acudió casi un millón de espectadores y en la que hubo 12 llenos de “No hay billetes”. Y esa fue la tónica a partir de ahí, con dos excepciones: Valencia, otra vez, en julio, y Bilbao. En ambos casos la promoción fue nula y esa fue la clave de tanto cemento. Pero San Fermín, El Puerto, Huesca -uno de los grandes éxitos del año-, Albacete -con no poco fuego amigo en contra-, Murcia, Valladolid, Salamanca o las ferias de novilladas dejaron claro que hay afición  y que cuando las cosas se hacen bien hay respuesta.

También en el ruedo se confirmó la recuperación de la fiesta, con varios nombres propios. Entre los matadores hay que destacar la gran campaña llevada a cabo por Roca Rey, que ha perfilado y estilizado su toreo de exposición y riesgo y ha llenado siempre. Morante de la Puebla volvió a cargar con el peso de la campaña y dio la cara en todo momento y lugar, dejando numerosas muestras de su arte excepcional. Luque y Marín se confirmaron como importantes y ya imprescindibles en las ferias y El Juli fue el mejor y más constante de un grupo de veteranos que ya parecen amortizados.

Irrumpieron nuevos nombres, Rufo, Téllez, De Manuel… que deben ratificar en 2023 lo hecho ahora y así mismo se reivindicaron diestros injustamente tratados: Espada, De Torres, Robleño, Román, Gómez del Pilar… o Emilio de Justo, que supo remontar y superar una tan tremenda desgracia como fue su percance en Madrid a principios de temporada.

Entre la novillería no son pocos los que destacaron, desde el líder del escalafón, Diego García hasta El Niño de las Monjas, pasando por los Víctor Hernández, Jorge Martínez, Sergio Rodríguez, Christian Parejo y un largo etcétera.

A caballo Diego Ventura volvió a ser el que más toreó y se asienta como grande el nuevo Hermoso de Mendoza, pidiendo más sitio Sergio Galán, Leonardo, Andrés Romero, Sebastián Fernández y el incombustible Cartagena.

Y en cuanto al ganado, y pese a las penurias de ese bienio desgraciado, Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo, Garcigrande y Domingo Hernández, Fuente Ymbro, La Palmosilla, Daniel Ruiz o, como casi siempre, Victorino dieron motivos para la esperanza.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…