Hace unos días falleció Paco Paredes, un aficionado cabal y ejemplar de sólo 95 años. En su cabeza pervivían faenas de los grandes maestros de las últimas décadas y tauromaquias de todos los cortes y gustos. Paco encarnaba el respeto y la tolerancia, la pasión y el rito. Seguía sin perderse ni un festejo ni un acto cultural taurino. Como tantos otros de su quinta, Paco era un auténtico guardián de la memoria de la Fiesta de los toros.
Qué poco claro es el mundo del toro, que estos días, como siempre, no contesta ni aclara preguntas fundamentales, interesantes o de actualidad o simplemente curiosas o inesperadas:
Saltaron chispas el otro día en la Plaza Real de El Puerto. Morante y Roca Rey se las tuvieron tiesas por un quítame allá ese quite, y la pasión se desató entre los partidarios de uno y otro diestro. Algo que siempre ha sido muy positivo y beneficioso para la fiesta, que necesita de estas rivalidades para crecer.
Pues pueden pasar 4 cosas, al menos, que diría Perogrullo:
Se veía venir. La suerte o el milagro con tantas cogidas, ilesas, de MORANTE se acabó en Pontevedra.
En una época en que la camaradería excesiva parece haber enfriado el pulso emocional de muchas tardes, ver brotar un pique como el que protagonizan Morante y Roca Rey es una bendición. Porque la tauromaquia no es sólo el hombre frente al toro, es también el hombre frente al hombre en la pugna por la gloria. Rivalidad sin odio, competencia sin tregua.






