Tras la inesperada y sorpresiva retirada de Morante de la Puebla, que en uno de sus tan personales arrebatos y tras una repentina decisión se arrancó la coleta en su última tarde en Las Ventas, el toreo queda tocado y ante sí se plantea una muy seria y peliaguda incógnita ¿quién será ahora el que tire del carro?
Se ha quedado solo tras la retirada de Morante, lo que nos lleva a una situación muy especial. No es la primera vez que ocurre porque no hay nada nuevo bajo el sol, pero es diferente. Cuando se quedaron solos con el peso de la temporada, otros tenían una fuerza tremenda, un imán arrebatador y una popularidad altísima.
Pues la plena actualidad se la llevó RAFAEL de PAULA con su desaparición, inesperada para tantos, con un aluvión de elogios sublimes. Esto es ESPAÑA. No hace mucho leí que un medio de comunicación se daba golpes de pecho por haber olvidado hace poco, el aniversario, 65 años nada menos, de su alternativa. No se acordaron ni los estadísticos. Y ahora un adiós supertriunfal. Bien. Algunos ante una foto en el callejón de RAFAEL de PAULA y MORANTE DE LA PUEBLA, cuando el jerezano apoderaba al sevillano, insisten en que son los dos mejores que han visto. Están en su derecho.
Aunque suene a tópico, la separación de poderes sería lo más saludable para el futuro de la tauromaquia. Cuando la figura del apoderado, empresario y ganadero se mezclan en una misma mano, la balanza se desequilibra y los perjudicados siempre son los mismos: los toreros sin padrino y los aficionados abonados.
Hace unos días se cumplió un año de la mayor catástrofe que ha sufrido Valencia en años, muchos años. El 29 de octubre de 2024 el agua arrasó casi 90 pueblos y ciudades de la provincia, dejando cientos de muertos y una estela de desolación, desgracia y ruina que va a tardar bastante en desaparecer... Y pocos, por no decir nadie, asumen su responsabilidad en el desastre.
Larga sí. Sorprendente mucho más. Esperando tanto desde la alternativa para ver la luz. Sin desmayo. Años y años toreando su única corrida de la temporada en su Jerez. Y parece que no lo veían o porque estaban ciegos o no se enteraban. Ni ellos, ni los apoderados, ni la empresas ni el taurinismo.






