España se ha vuelto a ver sacudida por una nueva desgracia de grandes y trágicas dimensiones y consecuencias. Materiales y, sobre todo, humanas. La pérdida de personas es siempre un desastre, pero en estas circunstancias, mucho más. Se trata ahora de un accidente, sí, pero que puede que, otra vez, hubiese sido evitable. Y eso es lo mas terrible.

Lo lógico sería escribir del desgobierno de Sánchez y sus esclavos mudos en el intento de prohibir que los menores vayan a los toros. Y encima dicen que los del sanchesmo, no sanchismo, que viene de Sancho, han hecho esta promesa a la ONU, otra que tal desde hace mucho tiempo, y están dispuestos a cambiar la ley para hacer otra barrabasada o bestialidad.

Pese al comunicado oficial sobre lo de MORANTE, muchos aficionados y curiosos, estén o no de acuerdo con la decisión del torero, no se creen del todo este bandazo y esperan al 9 de febrero, día en que se anunciarán los carteles de la temporada de SEVILLA y otros más recalcitrantes a verlo el Domingo de Resurrección hacer el paseíllo.

Morante nunca se fue del todo, aunque se marchara de repente. Su retirada fue un silencio brusco que descolocó al toreo; su regreso, anunciado de súbito, torna a sacudir las certezas de una tauromaquia que gira, para bien o para mal, alrededor de su nombre. Entre la genialidad, la fragilidad y el arrebato, Morante prosigue y nos devuelve a ese territorio donde su arte y su cabeza no entienden de lógica.

Esa fue la principal mercancia que se vendió en la presentación de la próxima feria de fallas: ilusión. Lo repitió varias veces el gerente de Nautalia y no le falta razón. La gente, tras nueve meses con la plaza cerrada, quiere  toros, quiere volver a sentarse en los tendidos del coso de Monleón para sentir la emoción del toreo y la cartelería del serial así lo promete. Luego ya se verá cómo resulta.

Fue una buena noticia y lo sigue siendo que San Sebastián de los Reyes hace 3 años iniciara la celebración con motivo de la festividad de su Patrón de dos encierros que bautizó como blancos… Al parecer porque es tiempo de nieve… Pleno invierno cuando aumentan las dificultades. Bienvenidos desde el primer momento porque la localidad madrileña del norte tiene mucha tradición y experiencia en los encierros, de las que más en España.

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