Para llegar a ser figura del toreo influyen múltiples factores relativos a las condiciones técnicas, de valor y de personalidad de cada individuo. Pero además, intervienen variables que pueden pasar desapercibidas que tienen que ver con ciertas capacidades fisiológicas y que pueden contribuir o trabar la consecución de una suma de festejos importante.

La recién finalizada feria de abril de Sevilla ha sido, sin duda y pese a quien pese, no sólo un éxito -artístico, de  asistencia, repercusión y varios etcéteras más- sino también un punto de inflexión en el devenir de la fiesta. Me dirán exagerado, pero a los hechos me remito.

Ha tenido de todo. Toros magníficos varias tardes. NHB en seis ocasiones. Decepciones en varias de las corridas toreristas con llenazos y el público sin ver un triunfo. Tres puertas del Príncipe,  unas más anchas que otras. Otros que no la consiguieron por una espada deficiente. Varias de dos orejas. Unas cuantas de oreja. Buen toreo de capote. Balance positivo final.

Roca Rey y Morante de La Puebla acaparan el escaso tiempo y espacio que los medios de comunicación generalista le dedican al mundo de los toros, sobre todo el peruano que, gracias a su mayor accesibilidad, tiene más presencia en revistas, programas y tele noticias. Pero, aunque no aparezcan en el papel cuché ni en las pantallas, hay otros toreros con sobrado mérito para ser reconocidos. Lo malo es que el propio sistema taurino les condena al ostracismo.

Se ha estrenado hace unos días, en Madrid y Valencia, la película Animal/Humano, una producción de ambiente taurino que logra captar la atención del espectador sin que a lo largo de sus 90 minutos aparezca ni un solo muletazo. Para ver muletazos hubo que estar en La Maestranza de Sevilla.

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