Roca Rey y Morante de La Puebla acaparan el escaso tiempo y espacio que los medios de comunicación generalista le dedican al mundo de los toros, sobre todo el peruano que, gracias a su mayor accesibilidad, tiene más presencia en revistas, programas y tele noticias. Pero, aunque no aparezcan en el papel cuché ni en las pantallas, hay otros toreros con sobrado mérito para ser reconocidos. Lo malo es que el propio sistema taurino les condena al ostracismo.

Los informativos generalistas españoles dedican al Real Madrid y al F.C. Barcelona la práctica totalidad de sus espacios. Para los 18 equipos restantes de La Liga apenas queda un tiempo insignificante. Es muy habitual que alrededor de los resultados de sus partidos se levante la polémica, pero eso no les importa demasiado a los editores de los programas porque, con independencia de controversias y del puesto que ocupen en la competición, Madrid y Barça siempre copan el contenido de las escaletas. Seguramente será porque son los dos conjuntos con más interés para el grueso de la sociedad, y lo que parece claro es que esta práctica aumenta todavía más los partidarios de los dos clubs, omnipresentes en una prensa que les otorga una cobertura de incalculable valor promocional.
Algo similar ocurre en el mundo de los toros, donde Morante de La Puebla y Roca Rey se llevan el grueso de la tarta informativa en televisiones y periódicos de tirada nacional. Sin duda, son los diestros con mayor tirón taquillero del momento y su distanciado corte artístico alienta la división de opiniones, rivalidades y discusiones. La mayor accesibilidad del peruano provoca que él tenga mayor presencia en los medios y que sea complicado encontrar a otros matadores en las portadas de semanarios, telediarios o programas especiales.
Como en el fútbol, también la polémica suele revolotear a la vera de estos dos coletudos, y sus actuaciones se miran con lupa y sus conquistas se cuestionan por sistema. El último debate se ha suscitado tras la apertura de la Puerta del Príncipe de Sevilla por parte de Roca Rey, pues muchos aficionados sostienen que faltaron razones sólidas para ser un triunfo irrefutable. Vacua discusión, porque el público siempre tiene la razón. De nada vale esgrimir que los tendidos estaban ocupados por muchos compatriotas peruanos y por gente con ánimo festivo, porque ellos tienen el mismo derecho a imponer su criterio que cualquier otro que pague su entrada. Las taquillas abrieron para todos y quien paga manda.
Otra cosa son los gustos personales de cada cual, respetables uno por uno y que no deben imponerse a los del resto de semejantes. Roca Rey es capaz de pegarle pases a un toro, a un buey, a un búfalo o a un mosquito molestón si hace falta. Morante puede alcanzar una sublimidad inaccesible para el resto de mortales. Dos tauromaquias complementarias y enriquecedoras. Hay espectador que siente rentabilizado el precio de su boleto si el torero se justifica con una cantidad mínima de pases, y hay a quien le sobra con la calidad de un manojo de apuntes excelsos. Ya dijo Rafael ‘El Gallo’ que “hay gente pa tó”.
La tormenta que ha levantado el éxito de Roca en la Feria de Abril no debe dejar de lado que la Puerta del Príncipe también la abrieron Miguel Ángel Perera y Daniel Luque, el primero demostrando una afición y capacidad extraordinarias y el segundo ratificando que, posiblemente, es el espada más en forma del momento, el que más encastes y comportamientos le caben en la cabeza. Tampoco debe hacer olvidar la importante faena que una semana antes firmó el propio peruano ante su segundo Victorino, aún sin cortar orejas.
Pero ante todo, no debe menospreciar que muy probablemente la faena del ciclo la dibujó Juan Ortega por bulerías, a un compás inexplicablemente lento, con sentimiento trianero, seda en la yema de sus manos, naturalidad y ortodoxia pura, abandono total, toreo desnudo y exquisitez sorprendente. Ni que Manuel Escribano dio una lección de entrega a vida o muerte, ni que un tal Calerito ha llamado a la puerta de las oportunidades, ni que David de Miranda merece ya otro tratamiento, ni que Borja Jiménez es una realidad, ni que Emilio de Justo sigue sumando.
Repetir los mismos nombres sonoros en todas las ferias en detrimento de quienes se han ganado un puesto sobre la arena es una injusticia con los toreros, con el público y con la propia Tauromaquia. Una cosa es que haya quien no salga en las televisiones, y otra intolerable que el propio sector les condene al ostracismo.









