Ha levantado no poco revuelo el anuncio del nombramiento de Vicente Barrera como vicepresidente de la Comunidad Valenciana y conseller de cultura. La izquierda radical ha puesto el grito en el cielo y clama contra lo que consideran una intrusión y un expolio, pues consideran propio e intransferible todo lo que tenga que ver con el asunto cultural.
Bajo la banal e insostenible excusa de que el público se ríe de los participantes en espectáculos cómico-taurinos, generalmente personas con enanismo y acondroplasia, ciertos políticos se han apropiado de la defensa de la dignidad de los toreros cómicos, una bandera que nadie les ha pedido que enarbolen y que no les corresponde. Quienes presencian estos festejos se ríen con los protagonistas, no de ellos. Del igual modo que se ríen con Charlot, Cantinflas, Chiquito de la Calzada, José Mota o Leo Harlem. ¿Acaso a ellos también se les debería haber impedido actuar?
No es nuevo pero va a más. Cero total para el toreo en RTVE. Por el contrario y continuamente, y hasta en la sopa, los deportes femeninos, en especial, claro, el fútbol y, después, el baloncesto.
Tiene VICENTE BARRERA muchas bazas para triunfar como vice de la COMUNIDAD VALENCIA, recordando los éxitos en los ruedos y así, pasados los días, se lo reconocen muchos mientras que tiene que soportar un acoso y derribo de los del odio. Los odian y desean que los toreros, después de dejar los ruidosos y rudos ruedos, desaparezcan. ESPAÑA es una nación sin remedio por tantos demonios que odian al máximo.
Un año más, José María Manzanares tiene que interrumpir la campaña por problemas físicos, y en esta ocasión haciendo imposible su presencia en una feria organizada sobre su figura y en su ciudad natal, Alicante. Serial montado, además, para conmemorar de manera especial el vigésimo aniversario de alternativa de este diestro.
¡Ay la de la Beneficencia, quién te ha visto y quién te ve!. Dando tumbos y perdiendo el sitio. Desde el momento en que perdió su lado benéfico y su cartel de triunfadores se fue al traste, como la de la Prensa. ¿Para qué las mantienen?






