Casi al mismo tiempo que daba un muy importante paso para acabar de una vez por todas con el tan nefasto “prusés” catalán -mandando a chirona a varios de sus cabecillas que quedaban libres y haciendo que alguna que que otra rata (en sentido figurado, eh) abandonase el barco a la carrera, con nocturnidad y alevosía- la justicia asestaba a la tauromaquia un feo bajonazo que puede hacer mucho daño.
A pesar de que el lamento por la falta de juventud en los toros es perenne, a pesar de la huida que las televisiones en abierto han hecho de las plazas, a pesar de que los abuelos cada vez encuentran menos colaboración para llevar a sus nietos a las corridas y a pesar de que el entendimiento de un festejo taurino requiere un mínimo esfuerzo, la presencia de gente joven en los cosos parece ir en aumento.
La temporada ya está en marcha. Primero fue Valdemorillo; luego vinieron Olivenza, Castellón y Valencia. Y ahora Madrid; este último Domingo de Ramos se alzó el telón en Las Ventas. Vendrá después Sevilla. Y así se irá cumpliendo un calendario que para muchos ya es el habitual.
Tras haber dado cuenta -y noticia- de las dos primeras grandes etapas de la temporada, las ferias de La Magdalena y Fallas, la situación es positiva y gratas las sensaciones que ambos seriales han dejado.
No tenemos novilleros y novilladas en la actualidad para asegurar el futuro del espectáculo taurino. Y mientras no se arregle este capítulo, mal asunto. Aunque no quisiera caer en la eterna monserga del jeremías al que todo le parece mal, cuando no escaso o ambas circunstancias a la vez.
Tengo que insistir porque lo hemos visto también estos días, todas las tardes o casi todas, en Valencia. La plaga de las corridas interminables, por faenas interminables, no hay quien la pare. Tengo que repetirlo. En las Fallas, alargamientos de faenas, avisos por doquier con la generosidad y paciencia además de los presidentes. Largometrajes todos los días. También lo soportamos en las ferias de Olivenza y Castellón. Y así ocurrió el año anterior y en temporadas precedentes. La plaga viene de lejos.






