Aunque la línea que separa ambos conceptos es, en el caso que nos ocupa, tan delgada que ni siquiera el funambulista Puigdemont podría hacer equilibrios sobre ella, el tratar de ver siempre la botella medio llena obliga a pensar que estamos ante un claro ejemplo de afición antes que frente a una hecho incomprensible para nadie.
A pesar de que la tauromaquia es una actividad extraordinariamente antigua, sorprende que a lo largo de todos sus siglos de existencia nadie del sector se haya preocupado por crear un organismo propio y desligado de los poderes políticos dedicado a legislarla de forma universal y definitiva con independencia del lugar donde se lleve a cabo y de quien gobierne en cada momento y lugar. Así, se producen situaciones como que dos Comunidades Autónomas españolas estén redactando sus propios Reglamentos Taurinos, o que algunas instituciones pretendan regular el toreo con la intención de acabar con él.
Como todo se imita y todo se contagia, en un mundo tan atolondrado como el que ahora vivimos -el ejemplo catalán, con la monumental chifladura que lo impulsa y mantiene, no es lo más disparatado que nos ha sido dado contemplar en vivo y en directo...-, no escapa al dislate el mundo de la información. Y también la concerniente al mundo taurino se ve afectada por la extravagancia y el desmadre.
Cuando en cualquier pliego de condiciones se antepone el apartado económico al cualitativo se corre el riesgo de fracasar. Ejemplos hay muchos y no convendría olvidarlos. El sector taurino es uno de los más perjudicados por este asunto, quizá porque hay demasiados políticos más preocupados por colgarse una medalla a costa de una suculenta recaudación por el alquiler de las plazas que de velar por las verdaderas inquietudes de los aficionados, ciudadanos que también votan. Lamentablemente Zaragoza parece que vuelve a convertirse en muestra de ello.
Preocupante sí. Nos preocupa más todavía después de leer las últimas declaraciones sobre la temporada del 2017 de su hombre fuerte Ramón Valencia.
Uno de los grandes destacados de la temporada, en la que ya se notó la presencia de nuevos valores y promesas casi cumplidas, fue, indudablemente, Román.






