El respeto a los cánones y la seriedad son fundamentales para la pervivencia de la tauromaquia. Sin rigor el toreo carece de sentido. Sin exigencia no hay triunfo legítimo. Pero en los toros, la emoción y la diversión deben cohabitar y tener diferentes baremos según la plaza donde se toree, del mismo modo que no es justo despojar de un éxito merecido a un chaval de una escuela mientras se rebaja el listón con las figuras.
Acabó la feria del bombo. Así será conocida la Feria de Otoño de Madrid de este año. El bombo de la suerte y que a cada uno le toque la mejor suerte.
La Feria de Otoño en Madrid, que iba a pasar a la historia como "la del Bombo", al final ha sido la de Diego Urdiales, con todo merecimiento por su gran y rotundo triunfo en la misma.
Un año más, y pasan de largo los cien, Algemesí se convirtió en la gran cita de la novillería y en uno de los centros de atención del mundo taurino durante el final de septiembre. Sin embargo, el regusto que queda no es demasiado dulce...
Los alumnos de las escuelas de tauromaquia salen a la plaza con unos conocimientos técnicos que antaño sólo alcanzaban muchos matadores con la experiencia que daban las diferentes situaciones vividas con el paso de los años. Esa apariencia de capacidad de resolución tan evidente resta emoción a sus labores e incrementa la exigencia sobre ellos. Y es que hoy en día todo va muy deprisa, aunque en el toreo todo debería ser “despasito”.
Me impresionó, como a tantas personas, la cogida al entrar a matar de Fortes a un sobrero del Conde de Mayalde. Primera de abono de la Feria de Otoño de Madrid. Un toro de Madrid y de ganadería no comercial. Paliza impresionante como pocas y con la suerte de no recibir cornadas gravísimas como en otros tantos casos e incluso cosas peores.






