Los franceses, quizá menos espontáneos pero más exigentes y cultos en materia taurina, nos siguen ganando la partida en asuntos como la justicia en las contrataciones y la promoción de la Fiesta, aunque a este lado de los Pirineos ahora podemos estar contentos porque representantes de tres partidos diferentes han defendido la tauromaquia sin complejos y con agallas.

1 de diciembre. El cumpleaños de Curro Romero. Uno de los toreros más importantes de las últimas épocas. Un torero de culto para los aficionados, y toda una referencia para aquellos a los que les gusta el toreo grande. Y, sobre todo, para los aficionados de su Sevilla. El torero de Sevilla por antonomasia. El torero a quien querían, a quien admiraban, a quien respetaban, y con el que se mostraban más indulgentes que exigentes. Y le tiraban almohadillas, pero para no darle. Una indulgencia ésta que se reflejaba en algunas expresiones que luego pasaron a la historia. Como aquella tarde, en la que Curro no terminaba de hacerse el ánimo y ponerse en la cara del toro. Este escarbaba y reculaba. Y Curro, por ahí daba vueltas, sin decidirse. Mirando al toro con cara de asco y meneando la cabeza diciendo como que no. Y así estaban toro y torero hasta que un aficionado, en medio del silencio maestrante, se puso de pie y desde el tendido le gritó, con cierta guasa aquello de: “No te juegues la vida, Curro, que no es lo tuyo.” O aquellos otros aficionados, quienes apenas asomaba la gaita el Faraón por el portón de cuadrillas, incluso antes de comenzar el paseíllo decían, así por lo bajini: “Ole mi Curro güeno.” Curro fue un torero que nunca dejó indiferente a nadie. Tanto en lo bueno como  en lo menos bueno, no tuvo medida. Y aunque siempre se caracterizó por su discreción, por su modestia …

No falla. Todos los años, tras los últimos festejos del ejercicio, cuando ya parece que quedan muy atrás las ferias de Zaragoza o Jaén, cuando comienzan a publicarse resúmenes y recopilaciones, cuando se publican los resultados, arranca una carrera de rupturas y nuevas alianzas que no cesa hasta casi el inicio de la siguiente campaña.

Todo el mundo tiene derecho a gozar de su vida privada, y los matadores están esperando el final de la temporada para pasar un tiempo de asueto con la familia. Lo que no es óbice para organizarse una agenda que incluya fechas para todo, para la evasión y para recoger premios, recibir homenajes y participar en coloquios. Porque los artistas se deben al público y porque el toreo es del pueblo.

Casi sin darnos cuenta se nos va el año y se iba quedando el tintero hablar sobre una de las grandes efemérides del mismo: el centenario de la alternativa de Manuel Jiménez “Chicuelo”.

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