La intención es ser positivo, arrinconar malas intenciones y peores augurios para la tauromaquia y felicitar las fiestas navideñas con el mayor optimismo posible. Pero la realidad me devuelve a la cruda realidad, esa en la que los ataques contra los toros se suceden y la falta de unión y de acción del entramado taurino continúa imperando y dibujando un horizonte desalentador.
Un año más, los responsables de la plaza de toros de Sevilla, santo y seña de la tauromaquia, uno de los escenarios más emblemáticos para el mundo de los toros y referencia obligada para aficionados, curiosos y hasta legos en materia taurina, han sorprendido a propios y extraños con el cartel que anuncia y sirve de imagen a la temporada próxima en La Maestranza.
Se puede mentir directamente y también se puede omitir parte de la verdad, pero en ambos casos existe una incuestionable voluntad de engañar y manipular al oyente. En cuestiones taurinas hay quien miente de forma abierta, sin escrúpulos ni remordimientos, y hay quienes intentan desviar la atención para dejar de contar las particulares bondades de los toros.
Cuando apenas quedan dos semanas para cambiar de calendario, y con la temporada americana en pleno apogeo, la campaña española es ya recuerdo.
Juan Antonio López de Uralde, exdirector de Greenpeace España, exdirigente y fundador de Equo y ahora miembro de Unidas Podemos con opciones a ocupar la titularidad del Ministerio de de Transición Ecológica, ha afirmado en Televisión Española que no le parece adecuado que los toros sean Fiesta Nacional. Antes ya confesó su intención de terminar con la caza y la pesca. Si el ecologista donostiarra alcanza la cartera ministerial, las prohibiciones dictatoriales pueden estar a la orden del día, sin tener en cuenta el grave infortunio que eso significaría para los animales y su hábitat.
Termina el año cuando una noticia logra sorprender -en un país que parece haberse vuelto loco, o, peor, idiota- si ello es todavía posible: el anuncio de un espectáculo cómico taurino.






