El otoño es decadente y melancólico como la feria de Otoño, más con la no transmisión de la feria por Telemadrid tras el exitazo, tan cantado, tan feliz, de la experiencia de San Isidro. Histórica y muy afortunada.
Política y realidad no siempre van de la mano. Políticos y pueblo no siempre van al unísono. A veces, nuestros gobernantes desprecian las raíces, las tradiciones y la cultura que han mamado y vivido, las que hacen España diferente del resto de países, deberían ser motivo de orgullo y siempre respetadas. Y mientras a la tauromaquia se le ponen todas las trabas posibles, las plazas se llenan, los ganaderos crían animales bravos y los toreros emocionan.
La temporada 2025 se está acabando pero los taurinos no dejan de danzar como si estuvieran a primeros de marzo.
Después de haber vivido una enorme cantidad de festejos de todo tipo y condición, disfrutado de ferias como las de Albacete, Murcia, Salamanca, Valladolid, Guadalajara y un muy largo etcétera, septiembre, el mes más taurino del año, cierra con un aldabonazo excepcional: la Feria de las Novilladas, con la que Algemesí vuelve a protagonizar su maravillosa hazaña anual.
Se ha visto claro en el septiembre que se está acabando ¿Tan diferentes si es lo mismo?: toros o novillos, acompañados de cabestros, corriendo por las calles en itinerarios tradicionales, de los corrales a la plaza, y muchos corredores jugándosela. El peligro está ahí y puede pasar cualquier cosa.
Se desconocen los ancestros taurinos de Algemesí, pero se conservan documentos que certifican que la celebración de toros y el montaje de su icónica plaza era ya algo tradicional en 1601. Desde entonces, que se tenga constancia, sólo han dejado de darse festejos en 11 ocasiones, y siempre por causa mayor. Los daños que provocó la última han convertido la organización de la feria de este año en algo impensable hace sólo unos meses.






