Ahora que el toreo no está para carteles mano a mano, cada vez hay más carteles mano a mano. Como la sociedad está del revés y el toreo la representa como la que más, pues es lógico que caigamos en el espectáculo de saludos, apretones de manos, besos, brindis y no sé que más entre los “enfrentados” en esas combinaciones, donde no hay ni razones, ni sana competencia, ni un solo argumento.

Se celebran certámenes para becerristas por toda la geografía española; afloran novilleros con máximo interés; siguen consolidándose y apareciendo nuevos diestros de Francia y América; algunos de los toreros defenestrados encuentran sitio para ir metiendo cabeza; Ponce levanta expectación en su campaña de despedida; Morante se reencuentra con la ilusión; los últimos días cuatro toros se ganan la vida en los ruedos… Son buenas noticias.

PACO CAMINO ha llenado estos días tras su muerte. No se ha hablado ni escrito de otra cosa. Para el pueblo español, campeón de necrológicas, todo lo hizo bien hasta el punto de que podemos cambiarle el nombre y llamarlo PERFECTO CAMINO. Como torero y hasta como persona. Algunos han exagerado un poquito. Ver y leer para creer. Y lo escribo tras declarar mi admiración por su vida torera, con historia interminable.

Ha sido, durante buena parte del mes de julio y en su franja horaria, el espectáculo más visto y seguido de todos cuantos se han celebrado a los largo de las últimas semanas. El ciclismo, que tiene no pocas connotaciones taurinas, y el Tour de Francia, su máxima expresión, han arrasado en datos de audiencia.

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